
En esta entrevista, el director de La misteriosa mirada del flamenco habla sobre su paso por los festivales, la recepción que ha tenido la cinta en el público y su miedo ante los posibles efectos del auge de la ultraderecha en la cultura: «Hoy, el fascismo es como un virus».
Por Nicolás Villagra
Durante la tarde del viernes 23 de mayo, Diego Céspedes (30) estaba inquieto: ese día eran las premiaciones en la sección «Una cierta mirada» del Festival de Cine de Cannes, una categoría donde competía su primer largometraje, La misteriosa mirada del flamenco. Esa mañana, Céspedes había recibido una llamada de los organizadores del evento, quienes le habían dicho que debía asistir a la premiación, ya que había ganado un reconocimiento. «No me dijeron cuál, así que estaba nervioso», recuerda.
Ya en la premiación, el director oriundo de Peñalolén no dejaba de preguntarse qué galardón había ganado. Pasó el premio de actores, el de guion y el de dirección, y nada. Finalmente, el jurado entregó el Gran Premio, otorgado a la cinta chilena.
—Ganar un premio, y especialmente ese, fue muy sorpresivo —asegura Céspedes—. La verdad es que no lo esperábamos. Hay que pensar que las probabilidades de quedar seleccionado ya son pocas. Hay mucha competencia. Ganar el Gran Premio fue completamente increíble.
Tras su paso por el festival francés, La misteriosa mirada del flamenco fue seleccionada por la academia chilena para representar al país tanto en los Goya como en los Oscar.
El filme está ambientado en el norte chileno de los ochentas. Una historia contada casi como un poema, con aspectos de realismo mágico, que se narra desde el punto de vista de una niña, Lidia (Tamara Cortés): la terrible tragedia de Flamenco (Matías Catalán), un travesti atormentado por sus examores y con un presente mucho más difícil debido a su mortal enfermedad, la que nunca es mencionada y que, se dice, se transmite a través de la mirada, en una referencia clara al VIH/SIDA. Flamenco y Lidia viven junto con sus compañeras, quienes son discriminadas por los mineros del sector, ya que ejercen como trabajadoras sexuales.
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Desde San Francisco y vía Zoom, Diego Céspedes se muestra contento y a la vez cansado: ha estado presentando su opera prima en una seguidilla de festivales. Luego de Cannes, la película fue exhibida en Brasil, Corea del Sur, España, Estados Unidos y México, entre otros países. El 16 de septiembre, el filme se presentó en el Festival de Cine de Valdivia, donde recibió una ovación de varios minutos.
—¿Qué significó para ti la creación de esta película?
—Siempre digo que mi inspiración viene de muchos lugares. Hacer una película independiente es como hacer un cuadro que se pinta lento, con tiempo para cambiar, adaptarse y buscar cosas más profundas. Una de estas inspiraciones es una historia familiar. Cuando era pequeño, vivía con mis papás en una población de Peñalolén y ellos tenían una peluquería. Todos los que trabajaban en esa peluquería murieron de SIDA. Mi mamá tenía un montón de prejuicios con esa enfermedad y nos transmitió mucho miedo. Creo que ahí hay un poco de influencia.
—Si bien esta vivencia no es la idea principal de la película, ¿cómo fue crecer con este miedo?
—Creo que lo que más me marca es el miedo. Cómo el miedo, sumado a la ignorancia, termina en decisiones catastróficas o decisiones negativas y con un montón de prejuicios encima. Esto habla, en el fondo, de una sociedad con tremendos prejuicios. Lo que me deja esta experiencia es la comprobación de que los prejuicios existen y que hay una verdad muchas veces luminosa debajo de eso.
—¿Qué fue lo que más te gustó de hacer esta película?
—El elenco, totalmente. Trabajamos un largo tiempo con Roberto Matus en el casting para encontrar a cada persona, con una personalidad que se adaptara al guion y que pudiera enriquecer al personaje. Es una mezcla de actores no naturales, niños y actores profesionales. Hay caras nuevas y propuestas nuevas.
«Me quedo con un sentimiento de orgullo del cast, porque son gente realmente talentosa, que demuestra que puede actuar y que hay más rostros en Chile de los que estamos acostumbrados a ver. Podemos seguir explotando esa faceta. Quedan más historias que contar con sus caras, en sus vivencias. Estoy muy contento con la plataforma que han tenido, sobre todo las chicas travestis y trans de la película».

Un lugar en el mundo
Además del Grand Prix de Cannes, la cinta chilena tuvo su paso por el Festival de San Sebastián en España, donde recibió dos galardones más: el Premio Dama de la Juventud, para nuevos cineastas, y el Premio Sebastiane LGBT+. Para Céspedes, su paso por España fue «cálido y familiar» por la presencia de cine latinoamericano que hay en el festival.
—¿Cómo te sentiste al recibir estos galardones en San Sebastián?
—El Premio de la Juventud es uno de mis favoritos, porque se compone de 140 jóvenes que van y deciden quién gana. Estoy seguro de que los jóvenes son el presente y el futuro del mundo, y hoy estamos viendo muchos movimientos de odio hacia las disidencias y que vienen, sobre todo, de los jóvenes.
«Cuando sentí esa recepción fue súper esperanzador. El mundo se está permeando políticamente y el cine no queda ajeno a esos cambios, porque hoy el fascismo es como un virus. También hay una manipulación de las redes sociales, y los jóvenes son un grupo importante a la hora de votar a estos líderes de ultraderecha que estamos teniendo en todo el mundo».
«Cuando el jurado joven vota por esta película, se siente lindo, porque demuestra que todavía hay gente que piensa que todos somos iguales y que solo buscamos un lugar en el mundo».
—¿Cómo ha sido la recepción del público general de la película?
—Ha tenido una muy buena recepción. Ha sido un camino súper lindo, sobre todo en el extranjero. Espero que sea igual en Chile y en Latinoamérica. La película ha sido bien recibida sobre todo entre los jóvenes, porque invita a tener esperanza en momentos en que el fascismo está por todos lados. Estoy muy contento con la recepción que ha tenido.
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—¿Por qué es importante hacer y ver este tipo de películas hoy?
—Porque, al final del día, el tiempo en la pantalla, sea de cine o de celular, es lo que define la calidad de vida de la gente. La cultura se mueve dentro de estos espacios. Hoy tenemos jóvenes votantes de la ultraderecha que, incluso, votan contra sus derechos y los derechos de las minorías.
«Que esta película tenga un espacio y un discurso quiere decir que compite en ese tiempo en pantalla. Y este discurso no busca borrar otros, sino que busca decir: ‘Ojo, acá seguimos vivos y somos iguales’. Para mí, eso es un reconocimiento».
—Algo que me conmovió de la película fue que, a pesar del dolor de Lidia y de su búsqueda inicial de venganza, finalmente deja ese odio atrás, aunque sigue sintiendo dolor por la pérdida de Flamenco.
—En ese sentido, la película aboga por decir que no se puede censurar los sentimientos de gente que ha sido reprimida por tanto tiempo. La película entra a un discurso que, cubierto de venganza y (bajo la forma) de un western, aboga siempre por la igualdad en todos los sentidos. Más que por la igualdad, es por el derecho que todos tenemos a ser entendidos. Que todos tenemos que encontrar nuestro espacio en el mundo sin ser odiados por eso.
Otras historias
Este año, el cine chileno tuvo varios aciertos con diversas cintas que pudieron ser representantes en los Goya y los Oscar, como Denominación de origen, de Tomás Alzamora; La ola, de Sebastián Lelio; y Oro amargo, de Juan Francisco Olea.
Pero, después de todo, Flamenco fue la elegida por la academia, ante lo que Céspedes se sincera y se llena de emoción. A la vez expresa, un profundo miedo por lo que se viene en el cine chileno ante un posible gobierno de José Antonio Kast.

—¿Cómo te sentiste cuando supiste que tu película fue seleccionada como representante para estos premios?
—Se siente algo muy cálido, por el apoyo de mis compañeros en el cine. Son tus propios compañeros los que creen que tu obra es algo importante, y para mí eso es muy bello.
«Como cineastas, estamos cansados del odio, de estar peleando todo el tiempo. Es bueno que nos pongamos de acuerdo en contar otras historias, en ser diversos, para que no sea la gente con plata la única que puede mostrar y actuar sus ideas. Con esta decisión, estamos abogando por eso».
—¿Cómo crees que será la campaña por el Oscar?
—En realidad, no sé. Los Oscar es una campaña de plata y no sé cómo nos vamos a enfrentar a ella. No hay que tener tantas expectativas, porque hay mucho que no depende de nosotros.
—¿Cómo ves el panorama actual del cine chileno?
—Está en un buen momento, pero aún falta mucho por explorar, por explotar, por expandir. El principal problema del cine chileno es que siempre ha sido contado por los mismos: de la clase alta a la clase alta, de la clase alta a la media, y también a la baja. Cuando damos el espacio a que otras clases sociales entren, el discurso se enriquece mucho.
—¿Cuáles crees que son las claves para esto?
—La educación y la cultura son las claves. Esta inclusión se debe hacer tanto a través de políticas públicas como a través de acuerdos del gremio. Que haya un acceso a la educación para quienes quieran estudiar, algo que se está viendo muy amenazado hoy día.
«También creo que sostener esto con políticas públicas va a ser mucho más difícil en un eventual gobierno de Kast, porque, obviamente, lo primero que va a recortar es la cultura: es el principal enemigo».
—En este sentido, ¿un gobierno de ultraderecha sería un peligro para la cultura y la educación?
—Es que es una historia repetida de la humanidad. Este tipo de «líderes» siempre busca recortar la cultura y la educación; sacarla y quemarla, porque es su principal enemigo. Ese es su discurso. Así como van las cosas, tendremos que motivarnos por promover la cultura, por promover la educación y no dejar que la quemen por completo.

Nicolás Villagra es licenciado en Comunicación Social. Ha colaborado en medios como Las Últimas Noticias, Vergara 240 y Morbo | Síguelo en Instagram
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