Cristian Belano vía Facebook Nexo Cinema

El Nexo es un cine ubicado a pasos de la mismísima Plaza de Armas, en Santiago. Una joya para todo cinéfilo que se respete con una curatoría que te deja pidiendo mucho más. Y nunca es mala idea ver una película en una sala “diferente”. Ya entenderás el porqué de esa palabra.

Por Nicolás Villagra

El día en que conocí este cine no tenía las expectativas muy altas. Fui acompañado por un gran amigo a ver The night of the hunter (1955), una película en blanco y negro. Creo que aquí lo importante es ver y disfrutar; no pensar mucho en dónde te fuiste a meter.

Hace algunos años empecé con mi cruzada cinéfila. Fue cuando me enamoré del séptimo arte: ir a un lugar oscuro para estar dos horas o más sentado en una butaca es, simplemente, espectacular. Comencé, claro, con el cine indie por excelencia de Santiago: el Normandie. Luego conocí el Arte Alameda, El Biógrafo e incluso el Insomnia en Valparaíso. Pero había un cine al que no había quería ir: el Nexo.

Cualquier día de la semana puedes pasar por Compañía de Jesús 1078. El edificio, al lado del Museo Precolombino, tiene unas escaleras que te conducen al Cine para Adultos, con un cartel de neón que zumba. Un lugar al que no tengo ganas de entrar.

Pero, si pasas por el mismo lugar un viernes por la noche o un sábado, el cartel cambia y anuncia el Cine Nexo. Un lugar donde, a pesar de lo que pienses, van muchas personas, la mayoría de ellas caracterizadas según la película que van a ver.


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Cuando me llevaron a ver The night of the hunter iba con desconfianza, atento a dónde me iba a sentar, qué tan grande era la sala y cómo estaba el piso. Para mi sorpresa, y a pesar de que habían asientos rotos y que las butacas eran un tanto incómodas —un poco más que las del Normandie—, fue toda una experiencia.

La película se exhibió en 16mm, un formato de película cuadrado. Se notaba que la condición de la cinta no era la mejor. Los subtítulos estaban mal y la película se veía saturada en ciertos puntos. Y, en un momento, la proyección se paró y se encendieron las luces. Pero no había terminado: estaban cambiando la bobina, algo nunca antes visto por mí.

Cuando salí del Nexo, me puse a seguirlos en redes sociales. Entonces entendí por qué los cinéfilos más pretenciosos van a ese cine. Casi todos los meses tienen una película en formato 35mm, hay eventos especiales con música en vivo y puedes encontrar una preciosa animita para el querido David Lynch cada vez que se exhibe una película de él.

Mis regresos al Nexo han sido cada vez más habituales: Nazareno Cruz y El Lobo, de Leonardo Favio; Solaris, de Andréi Tarkovski; Inland Empire, de David Lynch; y otras películas que no recuerdo.


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Si conoces los baños del Normandie, estos son casi iguales, aunque más pequeños (cuidado con la cabeza al entrar o salir de ellos). Está demás decir que el cine no está sucio y no huele raro, por si te lo preguntas. Además, si no quieres ir, tienen un Discord donde muestran películas todos los domingos por la tarde.

Cuando iba a la escuela, había algo que se llamaba EJE (Encuentro de Jóvenes con el Espíritu). Ciertas personas iban, pero, cuando les preguntaban qué era, siempre tenían la misma respuesta: “Tienes que vivirlo”. Es lo mismo que digo sobre el Nexo: deja de pensar que en la semana es un cine porno, simplemente anda y disfruta una película. No te vas a arrepentir.

Nicolás Villagra es licenciado en Comunicación Social. Ha colaborado en medios como Las Últimas Noticias, Vergara 240 y Morbo | Síguelo en Instagram

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