Por Nicolás Lazo Jerez

Ilustración: Francisco Curihuinca

—En un concepto: ¿cómo describirías oleaje, tu nuevo disco?

—Como un viaje.

—»Aunque trate de frenar / siempre tiendo a nadar / con fatal velocidad», cantas en «despacio». ¿Qué tan importante es para ti proceder con serenidad dentro y fuera de la música?

—Para mí, la serenidad es tan importante como respirar. Pero es algo que nos cuesta mucho llegar a tener. Muchas veces nos dejamos llevar por la máquina o nos validamos desde la autoexigencia, el deber y la productividad. Eso, como mencionas, pasa fuera y dentro de la música. Por eso la letra de «despacio»: era un recordatorio que necesitaba tener, porque suelo olvidar andar más lento.

—Un libro o una película que influyó en tu trabajo artístico.

—Voy a ser la niña indie fan de Sofia Coppola y diré que «Las vírgenes suicidas» y «Lost in translation». Ambas están narradas desde una perspectiva femenina, y creo que cuando las vi por primera vez me di cuenta de que yo también necesitaba contar la vida desde mi propia perspectiva, como mujer, como latinoamericana, como chilena. Además, ambas tienen soundtracks muy bien escogidos; aparecen canciones de Air. De ambas películas agregué canciones a mi playlist de la vida.

—Una colaboración musical que te llevaría a decir: «Ahora puedo morir tranqui».

—Ay, tengo dos: Chini.PNG y Vanessa Zamora. Si jugáramos Guitar Hero, serían las heroínas que escogería para jugar. Amo como componen, su visión artística y sus sonoridades. Ambas me han inspirado mucho en mis canciones más nuevas y tienen esa vibe más rockera que me gustaría adoptar en mi proyecto o en otros posibles futuros proyectos.

Portada de oleaje (2025), de Gatajazz | Catalina Teuber

—¿Cuánto interfiere en el trabajo artístico la búsqueda del posicionamiento en las redes?

—Para mí, las redes son una herramienta. Es latero, obvio, porque en la adultez el tiempo suele ser escaso. Amaría estar jugando con la guitarra. Pero es una herramienta útil si quieres que más personas te conozcan. Lo difícil está en que no te domine: no frustrarte porque no te va tan bien o no estresarte porque Instagram cambió el algoritmo y ahora te muestra menos. Con lo que no estoy de acuerdo, y afortunadamente no lo he visto, es dejar que esa herramienta interfiera a tal nivel que traspase lo artístico: perder la identidad, mutar por posicionamiento.

—¿Cuánta pálida te produce —o no— la irrupción de la inteligencia artificial en los procesos creativos?

—Antes que todo, jaj, debo confesar que un par de veces he usado el ChatGPT como ayudante en dudas de teoría musical. Pero no cacha mucho, la verdad. O quizás no supe ocuparlo. Lo que sí me da pálida, y mucha, es la posibilidad de que la gente deje de identificar cuando una canción está hecha por humanos, como ha pasado en Spotify con música hecha por inteligencia artificial. El arte es algo tan profundo, tan propio de cada vivencia y de cada cultura, que me preocupa que algún día dejemos de distinguirlo y que perdamos esa sensibilidad tan propia de los procesos creativos.


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—Un error confesable del que aprendiste.

—No sé si un error como tal, pero de lo que más se aprende siempre es de los shows en vivo. Cada escenario es un abanico de posibles errores y problemas que hay que solucionar o a los que anticiparse. Nos ha pasado de todo: que el guitarrista no pueda ir y yo tener que aprender a tocar con pedales a última hora, que los teclados dejen de funcionar 15 minutos antes del show, pelear con los choferes de buses porque no cuidan las cosas que se dejan en la maleta, que el sonidista del local no llegue y tener que parchar como sea, etc. Un sinfín de cosas que una aprende a ensayo y error y con la resiliencia que eso significa.

—Alguien no famoso a quien admires.

—Voy a mencionar a dos mujeres que admiro mucho. Tania Meza, directora del Sello Trigal, porque, sin conocerla tanto, veo lo mucho que trabaja para darle vida a la escena independiente. Tiene su sello, mueve artistas e incluso ha levantado otras instancias como Marejada y Nodo, encuentros de industria muy necesarios para darle vida a música chilena. Y también a María José Tapia, que es una visualista de eventos en vivo reconocida, pero no tanto como debería. Su trabajo es siempre brillante y vanguardista. Eleva los shows de cada proyecto con que trabaja. Ojalá ojalá alguna vez trabajar con ella.

—En un multiverso donde Jazmín Broughton no se dedica a la música, ¿qué la ves haciendo?

—Recorriendo el mundo, espero. O quizás dedicándome a la cocina vegana, o como periodista de viajes. Algo que me habría gustado mucho también es haber estudiado cine. Me entretiene editar videos. Cuando chica escribía obras de teatro. Así que, quizás, en algún multiverso haría películas.

Nicolás Lazo Jerez es licenciado en Literatura, diplomado en Edición y magíster en Periodismo. Es el editor general de Artefacto | Síguelo en Instagram

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