Para Montiel, víctima de una mutilación ocular durante el estallido social, los cinco años transcurridos desde las protestas han sido dolorosos. En conversación con Artefacto, el también integrante de la Coordinadora de Víctimas de Trauma Ocular habla de lo insuficiente que considera el acompañamiento institucional a quienes sufrieron entonces la violencia del Estado. Dice que, ante la falta de reparación y justicia, muchos “sobrevivientes” han caído en adicciones y que constantemente tienen crisis de salud mental. Recuerda a las cuatro víctimas de trauma ocular que se han suicidado y advierte que, si todo lo que describe continúa, podrían ser más.

Por Benjamín Bravo Yusta

Fotografía: Archivo Pablo Montiel

«Víctima 95: Pablo Alexis Montiel Montiel».

Cuando la fiscal Ximena Chong mencionó ese nombre, la audiencia de formalización del ex General Director de Carabineros, Ricardo Yáñez, por apremios ilegítimos por omisión en el marco del estallido social, llevaba casi seis horas.

Después del nombre y del número —el 95 de un total de 1.386 casos que se leerán en lo que resta de formalización—, la fiscal describió los hechos por los que hoy Pablo Montiel (42) se hace llamar un “sobreviviente”: el 1 de noviembre de 2019, cerca de la Plaza Baquedano, recibió el impacto de un perdigón de una escopeta antidisturbios de Carabineros, lo que le produjo un trauma ocular severo y ceguera total en su ojo izquierdo.

Montiel es uno de los 460 casos de mutilación ocular ocurridos en el marco del estallido social, según el Instituto Nacional de Derechos Humanos. Desde la agresión, devino un integrante activo de la Coordinadora de Víctimas de Trauma Ocular, espacio en el que ha conocido la realidad de quienes, al igual que él, sufrieron estas agresiones.

Trabajador de la construcción y padre de dos hijos, Pablo Montiel habla con la crudeza de sus circunstancias. Es directo y actúa en consecuencia. Al mediodía del 10 de noviembre de 2023, por ejemplo, fue detenido por Carabineros en las cercanías de La Moneda tras una manifestación de la coordinadora a la que pertenece. Montiel, según el parte de detención, tenía 10 bolsas de nylon con un polvo rojizo que lanzó a los alrededores del palacio presidencial. Dice que quería recordarle al Estado que hay “sangre en sus manos”.

En entrevista con Artefacto, Pablo Montiel explica por qué, a cinco años del estallido social, cree eso. Desde las secuelas de la agresión que sufrió y su perspectiva sobre el Plan de Acompañamiento y Cuidado a Personas Víctimas de Trauma Ocular (PACTO, ex PIRO) hasta los problemas laborales, físicos y de salud mental que, asegura, muchas víctimas de trauma ocular padecen.

“La gente prefiere olvidar lo que pasó”

—Las encuestas demuestran un descontento con lo que fue el estallido. ¿De dónde crees que viene esa distancia?

—Creo que los medios se han encargado de satanizar el estallido social. Decir que todo fue delincuencia o robos. Obviamente, hubo de eso, pero era un estallido social. La gente estaba enojada, tenía hambre. La única forma en que la gente se va contra el sistema es haciendo ruido. Por eso, creo que es una falta de respeto llamarle “estallido delictual”. Hacia los cabros que estuvieron detenidos por montajes. Hacia nosotros, los mutilados oculares. Hacia los cabros perdigoneados, que son mucho más que los traumas oculares.

—Hace un tiempo hubo una polémica por las pensiones de gracia. ¿Qué piensas sobre la entrega de estas pensiones?

—Es algo insuficiente, porque te la pueden quitar en cualquier momento. Nadie la tiene asegurada. En cualquier momento sale un presidente de derecha y puede retirar todas las pensiones por decreto. No es una política de Estado. Nosotros deberíamos recibir una pensión que nazca de una Ley de Reparación. Es lo que hemos solicitado hace más de tres años. De hecho, hay muchos que no están recibiendo la pensión de gracia. Yo no la recibo, e hice el trámite hace más de dos años.

—¿En qué instancias han solicitado la Ley de Reparación?

—Directamente al Gobierno. Pero no dicen nada. Se desentienden.

—A propósito del cambio de percepción sobre el estallido, ¿consideras que la sociedad olvidó las violaciones a los derechos humanos?

—Creo que la gente se olvida rápido de todo. No solamente de las violaciones a los derechos humanos. Aunque, en realidad, no es que se olvide: prefiere olvidar. Como que dicen que es mejor dar vuelta la página y seguir avanzando. Y no solo le pasa a la gente. También le pasa a sobrevivientes. No quieren nada; solo volver a trabajar como antes. Y ya no pueden. Pero muchos lo dicen: que quieren rehacer sus vidas y tratar de olvidar. Eso le pasa a la sociedad también. La gente se olvidó de lo crudo que fue.

“Hay muchos compañeros que han caído en las adicciones”

—¿Cómo han sido para ti y tu familia estos cinco años?

—Ha sido muy difícil. En especial en el tema de salud. Hasta el día de hoy siento dolor en la cabeza. Tengo silicona dentro del ojo y todavía existe la posibilidad de que lo pierda. Está constantemente ese fantasma. Afortunadamente, tengo una compañera que ha estado conmigo. Pero hay otros sobrevivientes que han tenido que separarse. Es muy difícil sobrellevar un trauma y una depresión. Son muchos factores los que te llevan a otras cosas. Hay muchos compañeros que han caído en el alcoholismo y la drogadicción.

Archivo Pablo Montiel

—Hay mucho con lo que lidiar.

—Sí, totalmente. Cuando cachai que te estás quedando sin lucas y estás sin trabajo. Porque trabajar más encima te cuesta por las secuelas físicas. Te da rabia, te da pena. Más cuando se acercan estas fechas y nos damos cuenta de que no hay justicia. Es terrible. Muchos compañeros están nerviosos por el tema de sus demandas, que no avanzan nada.

—¿Son comunes las adicciones?

—Sí, es común. Es una válvula de escape. Eso ha sido lo peor. Salir de una adicción es súper difícil y lo es más cuando se tiene un trauma como este. Te sientes disminuido y es lo único que tienes.

—Antes hablabas de los problemas laborales. ¿También es algo que se repite?

—Tenemos compañeros que no pueden decir que sufrieron un trauma ocular por miedo a que los rechacen en los trabajos. A una compañera, que es profesora, un grupo de alumnos le decía comunista cuando supieron lo del trauma ocular. Entonces, es terrible: está la persecución que uno se hace solo y la que hacen los demás. Y todo eso se suma. Te ponen en un estado de defensa ante el mundo, y no debería ser así. Hay compañeros que no pudieron volver a trabajar en lo que hacían antes. Hay discriminación. Muchos tienen miedo a decir en el trabajo lo que les pasó. Y es triste, porque nosotros no hicimos nada malo.

—¿Hay cesantía o informalidad laboral?

—Mucha, mucha. Entran a un trabajo y duran poco, porque hacen mal su trabajo por temas físicos. Hay dolor al hacer fuerza. Ven mal. No se acostumbran a la oscuridad. Y a un jefe no le importa eso. Es un tema lo de pedir permiso para terapia psiquiátrica o psicológica. Entonces, es muy difícil recuperarse porque casi todo está en contra de nosotros.


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“Esto es un trauma de toda la sociedad”

A la fecha, son cuatro las víctimas de trauma ocular que se han suicidado. La última de ellas, Jorge Salvo, fallecido en junio de 2023, era amigo íntimo de Pablo Montiel. Salvo era usuario del PACTO, el programa de reparación estatal a las víctimas de trauma ocular. Ambos se conocieron en noviembre de 2021, cuando la Coordinadora de Víctimas de Trauma Ocular se tomó la instalaciones del entonces Programa Integral de Reparación Ocular: exigían, entre otras cosas, una ley de reparación integral y horas médicas y operaciones
sin aplazamientos.

Antes de que se le practicara, a Montiel se le postergó cinco veces una cirugía. Si bien reconoce mejoras en el programa, asegura que aún no da abasto.

—¿Cómo es el servicio del PACTO?

—Lo que hay en el PACTO funciona: la parte oftalmológica, la psicológica y la psiquiátrica. Pero hay cosas que se necesitan y no están. Por ejemplo, no hay terapias para el dolor. Entonces, no están abordando muchas cosas. Hay cabros que aún tienen perdigones en el
cuerpo y no se los pudieron sacar, porque están muy adentro. Hay compañeros a los que se les infectan sus prótesis y otros que desertan.

—En ese sentido, ¿cuáles son los otros problemas con los que lidian las víctimas de trauma ocular?

—El mayor problema es la salud mental. En cualquier momento, uno explota, esté o no esté con tratamiento. En cualquier momento, un compañero tiene una crisis y se puede hacer algo a sí mismo.

—¿Son comunes estas crisis?

—Es súper común. Después de la muerte del Jorge (Salvo), muchos se soltaron y empezaron a decir “yo también me quiero suicidar”. El 90% de nosotros tiene ideaciones suicidas. Han habido varios intentos. Tenemos compañeros que se han tenido que internar. Y eso genera una reacción en cadena.

—¿Cómo lidian las familias con esto?

—Nadie prepara a tu familia. No es fácil vivir con una persona así. A mí hasta se me hace difícil vivir conmigo mismo. Y a mi pareja le cuesta ayudarme porque nadie la preparó para esto. Ellos (el Estado) deberían tener las herramientas para preparar a la gente que vive con
uno. Es algo que los sobrevivientes hemos pedido: que nuestras familias también sean atendidas por el trauma. Mi hijo menor ya se da cuenta que no veo por un ojo. Entonces, ¿cómo lo preparo a él para que no crezca con tanta rabia?

—Es como un trauma familiar.

—Es un trauma de toda la sociedad. Porque, al final, es una cosa que, para bien o para mal, está instalada en la sociedad. Y es como si no estuviéramos preparados para vivir con eso.

Según información de 2023 de Amnistía Internacional, solo el 0,2% de los casos de violaciones a los derechos humanos durante el estallido ha tenido una sentencia condenatoria: de un total de 10.568 denuncias presentadas, existen 27 condenas. En los casos de trauma ocular, asegura Montiel, la situación no es distinta.

—Antes hablabas del poco avance en los casos. ¿Crees que esa es la tónica?

—Claro. En general, se demuestra que la agresión la hizo un paco, pero no se sabe quién fue. Entonces la investigación penal llega hasta ahí. Y si no se individualiza, no se puede avanzar más.

—¿Ustedes confían en la justicia?

—Yo no. Y la gran mayoría de la coordinadora, tampoco. Hay un par de compañeros en cuyos casos identificaron a sus agresores, pero (estos últimos) están libres igual. A otros los identificaron y pidieron disculpas públicas.

—Además de la violencia estatal, ¿consideras que el estrés postraumático se agudiza por las condiciones que comentas?

—Claro. Todo el tiempo se está incrementando. Porque hay criminalización hacia nosotros. No hay justicia. No hay reparación.

—¿Qué crees que puede ocurrir si es que se mantiene todo lo que has dicho?

—Va a haber mucho deterioro físico y mental de nosotros. Y es probable que haya más suicidios.

Benjamín Bravo Yusta es reportero de Revista Doble Espacio. Ha publicado en medios como Interferencia y Revista Anfibia, entre otros. Es autor colaborador en el libro Relatos de la revuelta popular (Signo, 2020) y en la antología Golpes de memoria (Sherezade/Asterión, 2023); y autor del libro Tierra marchita (Sherezade, 2023). | Síguelo en X

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