A poco más de un mes de ser detenido por el Ejército de Israel, el artista visual Claudio Caiozzi revive su experiencia en la Global Sumud Flotilla, que intentó romper el bloqueo que existe en Gaza. Aquí, cuenta las torturas que sufrió junto al resto de la tripulación y el odio que recibió por parte de los militares: «El trato de los israelíes era odio puro». También plantea la esperanza de que acciones como la Flotilla y el boicot económico ayuden a la causa palestina, y repasa las reacciones a nivel mundial y nacional ante la misión humanitaria.

Por Francisco Lucero Robles

«Me llamo Claudio Caiozzi, soy de Chile y, si están viendo este video, es porque las fuerzas de ocupación israelíes me han secuestrado en aguas internacionales», comienza una declaración que el artista visual Caiozzama publicó el pasado 18 de mayo en sus redes sociales. «Formo parte de una misión civil no violenta que navega para romper el bloqueo ilegal, entregar ayuda y solidarizarse con el pueblo de Gaza. Mi secuestro demuestra, una vez más, hasta dónde está dispuesto a llegar el régimen israelí y sus aliados para continuar con el bloqueo y el genocidio».

Caio, como prefiere que le digan, fue parte de la más reciente misión de la Global Sumud Flotilla —en árabe, sumud significa constancia y resiliencia—, planificada por la organización homónima fundada en 2025, que trabaja no solo para llevar ayuda a Gaza, sino también, dicen, para visibilizar el genocidio que el Estado de Israel comete en esas tierras.

El artista, quien asegura que aún sufre dolores corporales debido a las torturas sufridas, cuenta que se motivó a postular para ser parte de la misión porque «lo encontré muy bonito, muy inspirador; encontré increíble lo que significa la Flotilla». Tras un intenso proceso que incluyó cuestionarios y entrevistas online —en la que, dice Caiozzi, se pregunta por qué estás a favor de Palestina, a qué te dedicas, cuál es tu estado de salud, si has navegado anteriormente y cuál puede ser tu aporte en la misión, entre otras cosas— quedó seleccionado y se trasladó hasta Barcelona, desde donde zarpó su embarcación.

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En total, el convoy estaba formado por más de 70 barcos, que zarparon desde diferentes puertos del Mediterráneo, y más de tres mil tripulantes de más de 70 países. A bordo viajaban médicos, periodistas, parlamentarios, abogados, profesores y defensores de derechos. Cargaron las embarcaciones con 11 toneladas de ayuda humanitaria, como alimentos básico, suministros médicos y artículos de higiene. Sin embargo, ese cargamento no llegó a destino. La misión fue interceptada dos veces. La primera, en las cercanías de Grecia.

—La noche del 29 de abril la radio murió. Tampoco había internet. No había comunicación. Eso ya es una señal de que algo está pasando: es mucha coincidencia que la radio, que es análoga, e Internet no funcionaran. Luego, empezamos a ver las bengalas de los otros veleros y, después, las lanchas rápidas (del ejército israelí). En esa primera detención ilegal, fueron secuestrados 174 personas y 22 veleros. Nosotros nos salvamos. Estuvimos muy cerca. Tuvimos lanchas rápidas a muy poca distancia, pero el capitán decidió apagar las luces, poner el motor a toda marcha e irse derecho a aguas griegas para intentar zafar. Y lo logramos.

—¿En qué lugar del Mediterráneo ocurrió esa interceptación?

—Nadie pensaba que a mil kilómetros de Gaza nos iban a interceptar. Ahí también queda claro cómo opera el Ejército de ocupación de Israel: básicamente, hacen lo que quieren. Estábamos en aguas internacionales. Eso es un delito, un secuestro con todas las de la ley. Ellos hacen lo que quieren. Fue una sorpresa. Nadie pensó que iba a ser así. Fue en el tramo entre Italia y Grecia. Nos faltaban mil kilómetros para llegar a la Palestina ocupada.


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En ese primer secuestro, detuvieron a los líderes de la Global Sumud Flotilla, Thiago Ávila y Saif Abukeshek. Sin embargo, tras más de 10 días de presidio, fueron liberados y pudieron volver a la misión. Quien no corrió la misma suerte fue la periodista chilena Macarena Chahuán. Al igual que otros latinoamericanos secuestrados en ese momento, no pudo continuar en la Flotilla. Todos fueron deportados a sus respectivos países.

¿Cómo se reorganizó el equipo de la Flotilla para continuar la misión?

—Fue un golpe bajo, porque fueron dos de los organizadores, Saif y Thiago. Llegamos a Grecia y tuvo que haber toda una reestructuración. Nos quedamos una semana tratando de que a nuestros compañeros los soltaran. Finalmente, los liberaron ahí, en Grecia. Estuvimos viendo a los heridos y poniendo un poco en duda la continuación de la misión, porque no sabíamos cómo seguir, por el tema de que los organizadores ya no estaban. Pero se decidió seguir. Después de una semana, zarpamos nuevamente y nos fuimos a Turquía.

«En eso, se recuperaron algunos botes. Muchos de los que fueron secuestrados al principio se volvieron a subir a los botes. Esperamos a la gente y volvimos a zarpar, con 18 veleros menos. Creo que se recuperaron cuatro; algunos se hundieron. Zarpamos hasta Turquía y de Turquía hasta Gaza. Pero, bueno, no alcanzamos a llegar».

Claudio Caiozzi a bordo de una embarcación, rumbo a la Palestina ocupada. En caso de una interceptación por parte de las fuerzas israelíes, el artista visual era el encargado de arrojar al mar los dispositivos electrónicos de los tripulantes | Global Sumud Flotilla

La interceptación definitiva, aquella en la que cayó el barco en que viajaba Caiozzama, fue el 18 de mayo, cuando se encontraban ad portas de arribar a territorio gazatí. Ahí también fueron detenidos los chilenos Víctor Chanfreau y Carolina Eltit.

—De Turquía a Gaza son solo tres días y medio. Entonces, nosotros sabíamos que iba a pasar algo. Siempre estuvimos muy atentos. Éramos un montón de veleros con civiles arriba, sin armas, no violentos, versus uno de los ejércitos más modernos del mundo. Estaba claro que algo iba a pasar. La primera noche no pasó nada, y dispusimos los veleros en una línea recta, en pequeños grupos. Eso era para dar la oportunidad de que alguien lograra llegar y que la interceptación fuera más lenta.

¿En qué momento ocurre la interceptación?

—Israel decidió interceptarnos de día, cosa que nunca habían hecho: las interceptaciones siempre eran de noche, porque ellos, obviamente, quieren que las imágenes sean poco visibles. Pero acá no les quedó otra. Por tiempo, no alcanzaban. A las 7:30 horas nos llegaron las primeras imágenes de otro velero, donde se podían ver las lanchas rápidas con 10 soldados arriba. Iniciamos el protocolo y nos pusimos los salvavidas. Yo era el encargado de tener todos los dispositivos electrónicos, porque, si ellos entran al velero, hay que tirarlos al agua. Entonces, la Global Sumud Flotilla dio la orden de ejecutar el protocolo de interceptación y esperar a que llegaran, mientras veíamos cómo caían otras embarcaciones. Teníamos un sistema donde ver el GPS de cada uno de los botes. Al actualizarlo, se empezó a leer «desaparecido» e «interceptado». A nosotros nos interceptaron a las 15:30.


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¿Cómo fue el actuar del Ejército de Israel?

—Ahí se subieron todos estos tipos. Venían en dos lanchas rápidas. Se suben, te revisan y te obligan a ir a la proa de rodillas, con las manos en la nuca, lo que es muy peligroso porque ese día había un mar un poco movido, y teníamos gente adulta mayor. Después, nos subieron al bote de ellos y dejaron el velero a la deriva. Ellos siempre dicen que nosotros llevamos armas y munición para Hamás, pero no revisan nada del barco. Saben que lo único que llevamos es ayuda. Nos llevaron a un barco-cárcel que hicieron especialmente y que creo que fue de transporte militar. Eran dos barcos.

—¿Y el trato?

—Al principio, no te tratan mal. Creo que tienen miedo de que los graben. Pero cuando entras al barco-cárcel, empieza la violencia psicológica y física. Te sacan toda la ropa, te dejan con la ropa más desabrigada. Estábamos en unos containers sin nada: sin colchonetas, sin nada para taparnos. Muy frío, muy incómodo. Nos daban pan congelado. Fueron dos noches en ese barco bien heavies. Le dispararon a una de las chicas por pasar una línea que no podía pasar. De repente, agarraban a la gente y la torturaban. Podíamos escuchar cómo los torturaban. Lo hacían para que nosotros escucháramos. Dos días después, llegamos al puerto de Ashdod. No teníamos idea adónde íbamos, pero después supimos que ellos seguían rastreando botes. Entonces, a cada rato iban llenando más esta cárcel con otros botes. Finalmente, nos llevaron a todos a Ashdod.

Cuando los tripulantes de la Flotilla llegaron a la ciudad portuaria de Ashdod, fueron «recibidos» Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional de Israel y conocido político de ultraderecha. En un video publicado por él mismo en X, se pudo observar cómo los tripulantes de la Flotilla se encontraban maniatados, arrodillados y humillados mientras Ben Gvir ondeaba una bandera israelí y se burlaba de los detenidos, al tiempo sonaba el himno nacional de Israel por altoparlante. «Así es como aceptamos a los partidarios del terrorismo», expresó el ministro en la misma red social. La humillación llegó a tal punto que incluso otras personalidades relevantes de Israel, incluido el primer ministro Benjamín Netanyahu, criticaron la violencia con la que se actuó.


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Caiozzi, uno de los maniatados, confirma la brutalidad de los actos.

—Era todo muy propagandístico: el himno de Israel muy fuerte, sonando en un loop eterno; lleno de banderas de Israel. Todo el tiempo una tele gigante donde mostraban los supuestos atentados de Hamás, todo como una propaganda eterna. En un momento, me golpearon, me pegaron una patada y quedé mirando hacia arriba. Te golpean, te sacan la ropa, te sacan fotos y, luego de eso, te llevan a la cárcel en una micro, esposados de pies y de manos. Fueron cuatro o cinco horas de viaje.

«En la cárcel hubo otro tipo de violencia. Al principio, era una violencia de parte de los soldados, que tienen otro tipo de preparación. Después, nos tocó la gente que trabaja en la cárcel y ellos tienen protocolos muy violentos: te sacan toda la ropa, te ponen el uniforme de la cárcel y te dicen que tienes que firmar documentos que en blanco que, según ellos, son para que te deporten inmediatamente».

—¿Firmaste?

—Algunos firmaron. Yo no firmé en ningún momento. Le dije a un juez: «No voy a firmar algo que no entiendo». Me dijo «No hay nada que entender» y me mostró la hoja en blanco. Yo no iba a firmar algo en que después iban a imprimir lo que quisieran. Ahí empezó otro tipo de violencia: nos metían a 40 personas en unas salas para tres personas para que nos asfixiáramos. Decían tu nombre y te decían que firmes. Ves cómo tus compañeros empiezan a sucumbir ante la presión y a firmar. Todo esto sin agua, sin nada. Ya llevábamos harto sin ir al baño, y todo el tiempo con la presión de los perros, que te los tiran encima. Te golpean mucho todo el rato. Te tiran el pelo, burlándose.


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«Empezaron a llegar compañeros que habían estado en el otro barco-cárcel y comenzamos a escuchar las historias de ellos. Nos dimos cuenta de que el otro barco-cárcel fue mucho más violento que el mío. Ahí te das cuenta de que no tienen protocolos. Es todo muy al azar: te tocaron menos violentos y te salvaste. Todo muy improvisado. Llegaron compañeros con las costillas rotas. Algunos no se podían mover. Había uno que no podía tomar agua del dolor que tenía. Ahora vamos a ver qué pasó con los que firmaron, porque a lo mejor pueden hacer como si nosotros estuviéramos colaborando con Hamás. Vamos a ver. No se ha sabido nada.

—¿Pudiste identificar odio en el ejército israelí hacia la causa palestina?

—También nos tocaron soldados estadounidenses, y el trato que nos daban los gringos era mucho más protocolar; violento y todo, pero, aparentemente, siguiendo un manual. El trato de los israelíes era odio puro, para causar todo el daño posible. Tenían rabia. Nos odiaban. Son generaciones y generaciones de adoctrinamiento que han logrado que estas personas odien a todo el mundo que no sean ellos, porque no solo odian a los palestinos: odian a los cristianos, a todo el mundo. O sea, se quieren a ellos mismos y ya. Todo lo demás es menos que ellos.

—¿En qué momento los liberaron?

—Nos dijeron que nos iban a llevar a Gaza, a una cárcel mucho más terrible, que nos iban a dejar ahí. Nos amenazaron, nos metieron miedo y nos subieron a otra micro con unos cubículos para dos personas. Me tocó con un griego. Él estaba muy asustado. Le pregunté si había firmado o no, y me dijo que no. Ahí me asusté, y dije: «Esta es la micro de los que no firmamos». Pero, como me amenazaron al principio, metiendo miedo de que nos iban a llevar a Gaza, y estos tipos siempre dicen lo contrario de lo que van a hacer, me dio un poco de esperanza. Si me hubieran dicho «Te salvaste, te vas a tu casa», ahí yo habría dicho: «Nos van a llevar a cualquier otro lado».

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«Ya en el aeropuerto nos sacaron esposas. Siempre que te sacaban las esposas, tenías que meter las manos en una rejita donde te las sacaban, y ahí te golpeaban las manos. Te pegaban para causarte daño. Pero, en ese momento, nada. Nos sacaron las esposas con cuidado y nos trajeron agua helada embotellada. Querían que saliéramos tomando agüita, que la gente viera que lo habíamos pasado increíble. Salimos y estábamos en un aeropuerto. Nunca supe si era militar o no, pero estaba lleno de aviones militares de Estados Unidos. Conté 20. Había solo dos aviones blancos, de Turkish Airlines, que nos venían a buscar. Ahí subimos, nos fuimos a Estambul y nos salvamos. Y pensar que lo que vivimos no es ni el 1% de lo que vive el pueblo palestino: mujeres, niños y hombres, solamente por ser palestinos».

—¿Qué opinas sobre el actuar de la diplomacia chilena?

—La Cancillería de este Gobierno está completamente alineada con Israel. Entonces, obviamente no actuaron como debieron haber actuado. Pero, a nivel consular, fue súper buena la respuesta. Ahí hay que destacar que el consulado es independiente al gobierno de turno, y se nota mucho. La cónsul de Chile en Ankara viajó a Estambul y nos dio ropa. Estuvo muy pendiente. Por ese lado, fue muy bueno. Para mí, el Gobierno quedó muy al debe. Dos semanas antes, casi estaba sacándose fotos con el presidente de Israel. Una vergüenza. Tampoco esperábamos mucho. Sabíamos de gente que estaba ejerciendo presión y eso se agradece, pero a nivel de Gobierno nadie esperaba nada, porque sabemos que están muy alineados con el sionismo. El gobierno pasado, que sí hizo pequeñas cosas, tampoco fue, para mí, muy categórico con sus acciones. Por eso mismo existe la Flotilla: porque hay países que están completamente amarrados. A lo mejor les encantaría hacer más, pero no pueden porque el sionismo es poderoso y tiene sus tentáculos en todas partes.

—¿Tienes alguna reflexión final después de todo lo que viviste?

—Siempre está la posibilidad de llegar a Gaza. No nos podemos quedar con el «No vamos a llegar, así que no lo hagamos». Es mejor perder intentándolo que no intentarlo. Es alta la probabilidad de no llegar, obviamente, pero también una de las misiones de la Flotilla es que se hable de lo que está pasando en Palestina. En ese sentido, la misión de este año lo logró con creces. El mismo Trump habló de la Flotilla; Netanyahu salió a ofrecer disculpas por cómo nos habían tratado. Mucha gente que quizás no sabe de la situación en Palestina se enteró. Este tipo de acciones, por pequeñitas que sean, sirven. Logramos un efecto positivo en la gente y dejamos en evidencia cómo opera este Estado genocida. Mucha gente no sabe cómo hacer algo, aparte de hablar sobre Palestina. Ahí es donde insisto en que el boicot a los productos sionistas es lo que más les duele. Hay una aplicación que se llama No thanks. Con ella, puedes escanear los códigos de barra y te dicen inmediatamente si el producto está ligado al sionismo o no. Es una herramienta muy poderosa, que todos podemos ocupar desde la comodidad de nuestros teléfonos.

Francisco Lucero Robles ha colaborado en medios como Interferencia, Radio JGM, revista Doble Espacio y Red de Noticias, entre otros. En 2023 obtuvo una mención honrosa en la categoría Infancia, nivel estudiantil, en el Premio Periodismo, Memoria y Derechos Humanos, que organizan el Museo de la Memoria y el Colegio de Periodistas | Síguelo en X

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