
Este libro —a la vez poesía, ensayo, crónica y ficción especulativa— propone una historiografía basada en la empatía y la atención microscópica, en contraposición a la mirada “ilustrada” que, según la autora, “viene de afuera e implica progreso”.
Por Antonio Cienfuegos
A menudo se piensa en la historia como una línea: un vector que avanza del pasado al futuro, cargado de fechas, batallas y nombres propios. Pero ¿qué pasaría si, en vez de una línea, la historia fuera un rizoma? ¿Una red de conexiones laterales, sutiles, a veces secretas, que iluminan más por sus resonancias que por sus causalidades? Esto es lo que propone —y logra con notable elegancia— Jessica Sequeira en Una luminosa historia de la palmera, un libro que es a la vez poesía, ensayo, crónica y ficción especulativa. Publicado por LOM en su colección Entre Mares, este volumen no es una simple colección de poemas; es un artefacto literario de alta precisión simbólica, un ejercicio de lo que la autora denomina “historia luminosa”: aquella que “busca hacer conexiones más allá del nivel superficial de los grandes eventos y los datos estadísticos”.
La apuesta es tan sencilla como arriesgada: tomar un símbolo, en este caso la palmera, y rastrear sus apariciones a lo largo del tiempo y el espacio, no como botánico, sino como “abeja melífera” que extrae el néctar de anécdotas dispersas. El resultado es una sucesión de viñetas, cada una titulada con un oficio y una geografía: “Curandero, Yemen”; “Capitán de mar, Islandia”; “Guerrero, Califato Abasí”; “Duquesa, Francia”; “Ciclista, Chile (II)”. Estas no son meras descripciones pintorescas; son monólogos interiores que revelan cómo un mismo objeto vegetal se carga de significados radicalmente distintos según el ojo que lo mire.
Este poemario me recuerda particularmente a dos autores. El primero es el Nobel Saint-John Perse, quien evoca las palmeras en sus poemas como símbolos de una infancia perdida, del exilio y de la basteza de la naturaleza, apareciendo en contextos disímiles pero hermosos, así como en un tiempo primigenio donde el hombre se encuentra con lo elemental. El segundo autor es el poeta mexicano Balam Rodrigo con su libro El tañedor de cadáveres, donde tanto tiempo como oficio operan de similar forma, en una simultaneidad rizomática. Estas fórmulas rizomáticas usadas por los tres poetas evocan, inevitablemente, el libro Mil mesetas de Feliz Guattari y Gilles Deleuze, quienes reflexionan, explican y analizan filosóficamente el concepto.
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Volviendo al poema de Jessica, en “Guerrero, Califato Abasí” la palmera es botín y símbolo de un paraíso por conquistar, pero también objeto de una destrucción que revela una terrible ceguera: ¿Pero dónde está nuestra tierra? ¿Dónde están las adoradas figuras verdes que siempre se alzan en el desierto para saludarnos…? ¿Por qué solo hay troncos carbonizados y ramas mutiladas… y nuestras madres aullando de dolor?: «Hijos de nuestra carne, lloren con nosotros, porque las palmeras crecen en la tierra de nuestros enemigos, y olvidamos que esta tierra es un espejo».
El fragmento es un destello de lucidez trágica: el guerrero, al arrasar las palmeras del enemigo, descubre que ha arrasado su propio reflejo, su propio sueño de paraíso. La violencia, nos dice Sequeira, es siempre un boomerang.
Contra esa visión instrumental y destructiva, la autora opone una “Canción de las preguntas” que funciona como manifiesto poético y corazón ético del libro: ¿Qué pasaría si trataras a la historia no como un campo / de batalla, un sitio de combate, sino que como a un ser al que amas? ¿Qué pasaría si te acercaras acariciando los tiernos lugares detrás de sus orejas, hablándole bajito, manteniendo tus ojos completamente abiertos y mirando con confianza a sus intenciones?.
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Aquí reside la clave del método “luminoso”: una historiografía basada en la empatía y la atención microscópica, en contraposición a la mirada “ilustrada” que, según la autora, “viene de afuera e implica progreso”. La historia luminosa, en cambio, “genera afectos y filiaciones desde el corazón, el vientre y las entrañas de una situación en el tiempo”.
Esta no es una postura ingenua. En “Recolector, Nigeria del Sur” la palmera es pura materia de explotación colonial: Hermana, perdón por quitarte tus frutas… Los hombres están planeando una revuelta… Hay quienes piensan que el negocio del aceite de palma reemplazó a los esclavos, pero no es verdad. El negocio del aceite depende de esclavos.
La voz del recolector, que se dirige al árbol como a una “hermana”, expone la brutalidad económica con una ternura que hace el contraste aún más desgarrador. Sequeira no elude las sombras: la palmera también es testigo de la peste negra en Irlanda (“Fraile, Irlanda”), de intrigas conyugales en la Francia del siglo XVIII (“Duquesa, Francia”) y de un crimen pasional en el Líbano (“Chef, Líbano”), donde los “palmitos” o “corazones de palmera” se convierten en un macabro juego metafórico.
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El libro alcanza una de sus cumbres más conmovedoras en los textos chilenos. En “Ciclista, Chile (II)” la palmera ya no es un símbolo exótico, sino parte del mobiliario urbano de Santiago, testigo de la tensión política reciente: Desde el oasis de las pistas, me apresuro hacia la seca tierra baldía de la plaza… Con la barrera plástica de su armadura de protección, pistola en su funda y palo en mano, se ve tan duro, sin vida interior… Pero entonces alza su mano, batiendo justo así, en un deseo de escapar. Como una mariposa que se aleja volando de una columna de marfil.
La imagen del policía en Plaza Dignidad, cuya humanidad asoma en el gesto mínimo de su mano, es un ejemplo magistral de cómo la “historia luminosa” puede iluminar el presente más inmediato, encontrando grietas de poesía y deseo, incluso en los escenarios de mayor crispación.
Si hay un reparo que puede señalarse es que la homogeneidad tonal de los monólogos —todos filtrados por una sensibilidad lírica contemporánea similar— puede, en momentos, diluir la diferencia histórica y cultural que se busca evocar. El samurái, la duquesa y el surfista piensan con una cadencia recognoscible. Sin embargo, este es un riesgo asumido y tal vez necesario para tejer la red de conexiones que es el verdadero sujeto del libro.
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El “Epílogo” es la pieza que cohesiona todo el proyecto, personalizándolo. Sequeira confiesa: Escucho el agua con sus recuerdos de la Inquisición, de los azotes, las hogueras y los autos de fe en la plaza pública… Elijo escuchar la palmera y convertirla en nuevas historias. Elijo habitar las frondas… formando parte de todo sin perder mi sustancia.
Aquí la palmera ya no es solo un símbolo, sino un órgano de escucha, un canal para sintonizar los ecos de la historia, incluidos los dolores heredados de la colonización y la diáspora. Es una toma de posición: la escritora como “traductora de voces”, no como vocera única.
Una luminosa historia de la palmera es un libro extraordinariamente ambicioso y mayormente logrado. Jessica Sequeira no nos ofrece un poemario fácil, sino un modelo de cognición poética: una manera de leer el mundo a través de las ramificaciones de un solo símbolo, encontrando en él la guerra, la fe, el deseo, la explotación y la belleza cotidiana. Es un libro que exige un lector activo, dispuesto a saltar entre siglos y continentes, pero que recompensa esa complicidad con destellos de comprensión profunda.
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En un panorama literario a menudo previsible, Sequeira ha escrito una obra genuinamente original, un tratado de poética disfrazado de jardín botánico histórico, que demuestra que la verdadera iluminación no viene de grandes teorías, sino de la capacidad de ver lo universal en la hoja de una palmera que, contra todo pronóstico, sigue creciendo en el árido suelo de nuestra historia compartida.
Un libro luminoso, en el más pleno y revolucionario sentido de la palabra.
Título: Una luminosa historia de la palmera
Autora: Sequeira, Jessica
Editorial: LOM

Antonio Cienfuegos es un poeta e investigador mexicano/salvadoreño. Cuenta con dos posgrados, uno en Literatura y otro en Sociología. Ha publicado en revistas y suplementos literarios como Otro Lunes (España), Carajo (Chile) y La Gualdra (México). Ha aparecido en diversas antologías y publicado los libros de poesía Otra versión de vos (Honduras), Talegario (El Salvador) y Guanaco (Chile). Actualmente es candidato a doctor en Literatura por la Universidad Católica de Valparaíso
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