
A estas alturas, “orden” opera menos como consigna y más como prueba de pertenencia. El discurso que la invoca incluye sin fricción a ciertos sujetos y admite poca ambivalencia. La disputa no se resuelve en una moral del deber ser, sino en el mapa de afectos que hoy organiza la competencia.
Por Constanza Trujillo
Un “nosotros” no es un censo; es una emoción compartida que permite reconocerse en la misma escena. En la campaña chilena de 2025, ese “nosotros” se arma y desarma alrededor de una palabra que ordena la conversación: seguridad. No tanto como capítulo de programa, sino como lente que vuelve legibles o ilegibles otras promesas, como pensiones, transporte, migración y gobernabilidad. Con voto obligatorio y primera vuelta el 16 de noviembre, el universo electoral se amplía. Ocho candidaturas quedan expuestas a un público menos militante y más atento a señales de funcionamiento institucional. Desde ahí se lee la disputa entre la oferta oficialista que encabeza Jeannette Jara y el polo opositor que lidera José Antonio Kast.
La escena gana claridad si se atiende a su gramática afectiva. Ciertos afectos —miedo, pertenencia, expectativa de protección— se adhieren a palabras y cuerpos, y al repetirse trazan fronteras morales de inclusión y sospecha (Ahmed). Esos regímenes emocionales autorizan la alarma y vuelven inverosímil el cuidado (Reddy). Al mismo tiempo, sigue operando un “optimismo cruel”: se conservan apegos a la promesa de normalidad, incluso cuando los medios propuestos pueden obstaculizarla (Berlant). En ese espejo simbólico, la izquierda se ve reflejada por el distorsionante espejo de la ultraderecha: cuando ensaya registros empáticos, su lenguaje puede volverse caricaturesco —por ejemplo, “enfrentar a los delincuentes con amor”— y acelerar hacia la promesa punitiva inmediata.
Gracias por leer Artefacto. Suscríbete al canal en WhatsApp y recibe gratis todo nuestro contenido directamente en tu dispositivo
Este desplazamiento puede interpretarse como securitización: al enmarcar un tema como amenaza existencial, se legitiman repertorios de excepción y una exigencia de acción acelerada (Buzan, Wæver y de Wilde). En el escenario chileno, el viraje hacia una “mano hiperdura” —más cárceles, expulsiones, atribuciones policiales ampliadas— funciona como moneda de campaña. No es solo un reflejo de las tasas delictuales, sino el resultado de un encuadre que prioriza urgencia y reorganiza coaliciones en torno a un “nosotros” que promete orden inmediato.
La mecánica electoral dialoga con esta arquitectura afectiva. Mensajes que activan ansiedad abren la puerta a reconsiderar opciones; el entusiasmo consolida hábitos; y la ira cierra filas (Brader). Las encuestas recientes ofrecen evidencia de ese vaivén: según la última Plaza Pública Cadem, Jara lidera la primera vuelta con un 26%, seguida de Kast con 22%.
Quizás podría interesarte | [Ensayo] La pasarela presidencial

En la expectativa presidencial, un 40% cree que Kast será el próximo presidente, frente al 26% que apuesta por Jara. La Encuesta Criteria también confirma que Jara lidera espontáneamente con un 29%, mientras Kast aparece con un 24%. Más que un veredicto, aparece un péndulo que usa “seguridad” como heurístico de certidumbre cuando el electorado obligatorio empuja a definiciones menos identitarias.
La teoría de la justicia permite fijar una regla simple sin quedar atrapado en debates técnicos. Si imaginamos elegir normas sin saber en qué barrio ni con qué apellido naceremos (el “velo de ignorancia”), lo mínimo exigible es que el orden cotidiano —tiempos de respuesta policial, transporte predecible, trato digno en salud, protección frente al delito— no dependa del código postal (Rawls).

La realidad revela otra cosa: el orden se distribuye de manera desigual y hay sujetos que desde el inicio son marcados como “sospechosos” (Young). Cuando mejorar ingresos, ser reconocidos y tener voz no avanzan al mismo ritmo, la promesa de protección deja de sentirse común y se evalúa por pruebas pequeñas y visibles: si atienden a tiempo, si llega la patrulla, si el trámite humilla o no (Fraser).
En ese contexto, la demanda de seguridad opera como paraguas de varias carencias. Reclama contención —menos exposición al daño e incertidumbre— y también estima y voz: ser tratado sin sospecha y que esa experiencia pese en las decisiones (Nussbaum). La campaña no lo discute en abstracto: lo pone en juego al decidir a quién hablarle, con qué tono y qué evidencia basta para llamar a eso “orden”.
También estamos en Telegram. ¡Empieza a seguirnos ahora!
Desde esa perspectiva, la diferencia entre coaliciones es también afectiva: cuáles emociones se autorizan, cuáles se deslegitiman, qué riesgos lingüísticos se aceptan. El “nosotros” de la derecha radical se ofrece como identificación inmediata, comprimida en antagonismos claros y promesas de urgencia; el “nosotros” oficialista intenta anclar pertenencia en pruebas cotidianas —cumplir, responder, ordenar trámites— y queda expuesto a comparaciones de ritmo. La expectativa de “gobernabilidad” funciona no solo como cálculo institucional, sino como una emoción: calma, previsibilidad. Los pactos parlamentarios y la distribución de escaños retroalimentan el clima afectivo de la presidencial.
A estas alturas, “orden” opera menos como consigna y más como prueba de pertenencia. El discurso que la invoca incluye sin fricción a ciertos sujetos, prioriza territorios específicos, promete protección con rapidez y admite poca ambivalencia. La disputa no se resuelve en una moral del deber ser, sino en el mapa de afectos que hoy organiza la competencia. Termina imponiéndose el “nosotros” que logra que biografías heterogéneas sientan —sin pedirlo prestado— que pertenecen.

Constanza Trujillo es cientista política con formación en Data Science para Ciencias Sociales por la Universidad Diego Portales. Se desempeña como especialista en prospectiva en Duoc UC, donde impulsa estudios aplicados en educación superior | Síguela en Instagram
Sigue a Artefacto en WhatsApp, Medium, Instagram, Threads, LinkedIn, Tumblr, Telegram, X, Bluesky y TikTok
Obras citadas
Ahmed, Sara. The Cultural Politics of Emotion. 2nd ed., Routledge, 2014.
Berlant, Lauren. Cruel Optimism. Duke UP, 2011.
Brader, Ted. Campaigning for Hearts and Minds: How Emotional Appeals in Political Ads Work. U of Chicago P, 2006.
Buzan, Barry, Ole Wæver, and Jaap de Wilde. Security: A New Framework for Analysis. Lynne Rienner, 1998.
Fraser, Nancy. Scales of Justice: Reimagining Political Space in a Globalizing World. Polity, 2008.
Nussbaum, Martha C. Political Emotions: Why Love Matters for Justice. Belknap, 2013.
Rawls, John. A Theory of Justice. Belknap, 1971.
Reddy, William M. The Navigation of Feeling: A Framework for the History of Emotions. Cambridge UP, 2001.
Young, Iris Marion. Justice and the Politics of Difference. Princeton UP, 1990.

Deja un comentario