
Este 19 de octubre, el país andino usará por primera vez el mecanismo de la segunda vuelta presidencial. Ambos candidatos, Quiroga y Paz, son opositores al oficialista Movimiento al Socialismo. Pero, más que un giro brusco, los electores aspiran a recomponer la economía y construir un sistema plural de partidos.
Por Rafael Archondo
Reportando desde Ciudad de México
Desde diciembre de 2005, Bolivia ha estado adherida a la ola progresista que despegó con bríos en Venezuela tras el ascenso a la presidencia de Hugo Chávez en 1999. En las elecciones bolivianas de este año, organizadas dos décadas después de la primera victoria aplastante de Evo Morales, su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), hoy ya bajo el control de sus enemigos y exsocios, obtuvo solo el 3,1% de los sufragios. La caída es abrupta y pronunciada.
En los comicios generales previos, en 2020, el presidente Luis Arce, designado por Morales, logró el 55,1% del total. Era la primera vez que un candidato del MAS, que no era Evo, alcanzaba semejante respaldo. Todo hacía presumir que el partido que más años ha gobernado el país de manera continua había descubierto la fórmula para seguir ganando elecciones sin tener que depender de un único líder.
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¿Qué ocurrió en estos cinco años para que el MAS haya quedado al filo de la extinción? El primer asidero para explicar el ocaso de la izquierda boliviana es la fractura del MAS en tres bloques. Resulta que cada uno de los escombros del otrora monumental edificio partidario posee ya sus cifras exactas. La astilla más grande es la que sigue bajo el liderazgo de Evo Morales. El 17 de agosto pasado contó con el 15,47% del respaldo.
Dado que no logró inscribirse como candidato, el expresidente llamó a anular las papeletas, por lo cual el número de votos nulos subió del habitual 4,4 al 19,8%. El segundo bloque se sumó a la campaña del presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, y cosechó un 8,5%. Por último, como ya se dijo, el MAS, la sigla capturada por los seguidores del presidente Luis Arce, tuvo que conformarse con el 3,1%. Tres derrotas por separado, aunque juntas igual yacen por debajo del 30%.
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¿Cuál fue la razón de esta división tripartita? La grieta apareció en septiembre de 2022 cuando Arce y Evo se reunieron por última vez para debatir sobre el rumbo del gobierno. Está demostrado que entonces Morales pidió a Arce que removiera a algunos ministros de su gabinete. Arce rechazó la idea.
A partir de ese momento, el jefe de Estado activó los mecanismos judiciales bajo su mando a fin de arrebatarle la sigla del partido a Evo y, sobre todo, impedir que pueda ser candidato. El artículo 168 de la Constitución, aprobada en la primera presidencia de Morales, autoriza solo una segunda reelección continua. Evo violó la Constitución en 2014 y 2019 (tercera y cuarta postulación continua) con ayuda del Tribunal Constitucional.

Desde la fractura interna del MAS, dicho poder del Estado cayó en manos de Arce y fue desde ahí que Morales quedó inhabilitado para competir. Las sentencias constitucionales son, simplemente, contradictorias. Lo que para los tribunos fue válido en 2016, a partir de 2022 ya no lo era. Podría decirse que Evo fue víctima de su propia pócima desde que perdió el control sobre una justicia digitada desde los cenáculos políticos.
En ese escenario de inviabilidad para Evo, Andrónico Rodríguez provocó la tercera fractura bajo la ilusión de que podría heredar el caudal electoral del caudillo solo con aparecer retratado en la boleta de sufragio. Así, el llamado al voto nulo fue también un castigo a la disidencia del joven senador.
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El 19 de octubre, Bolivia usará por primera vez el mecanismo de la segunda vuelta. Los dos finalistas son el senador Rodrigo Paz y el expresidente Tuto Quiroga. El duelo refleja muy bien el nuevo temperamento del electorado boliviano, ahora volcado en un 72,9% en favor de los partidos que repudian el legado de Evo Morales. Por primera vez desde 2005, dos tercios de los bolivianos rechazan los planteamientos que le dieron cobijo al MAS.
¿Cuál será el rumbo nuevo? Más que un giro brusco, Bolivia aspira a resolver la escasez de divisas, alimentos y combustibles; recomponer una economía que ahora carece de los ingresos por exportación de gas natural y construir un sistema plural de partidos, que evite caer en un esquema secante como el que se ha impuesto en Cuba, Nicaragua o Venezuela.

Rafael Archondo, periodista boliviano, es Doctor en Investigación Social con especialización en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO)
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