
La novedad en el país andino es que la disputa ya no es izquierda contra derecha, ni masismo contra antimasismo. El eje real es la clase social: la nueva clase media popular frente a la élite de siempre, política y empresarial.
Por Quya Reyna
Reportando desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia
¿Cómo es que un día, después de décadas votando por la izquierda, Bolivia amanece con la idea de escoger entre dos opciones de derecha?
Durante mucho tiempo, la izquierda se vio como la encaminadora del proyecto indígena en Bolivia. En un país donde más del 60% de la población es de origen indígena, la llegada de Evo Morales en 2006 no fue casual: fue la respuesta a una demanda social arrastrada durante más de medio siglo, que exigía un presidente indio y reformas de Estado que garantizaran mayor participación. Morales tradujo esa agenda en la fundación del Estado Plurinacional.
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¿Hay un “indio de derecha”?
La economía acompañó esta refundación. Con la nacionalización de los hidrocarburos en 2006, los ingresos del gas se dispararon: de 673 millones de dólares en 2005 a más de 5.000 millones anuales en la década siguiente. Ese excedente se transformó en bonos sociales, aumentos salariales, obras públicas y un tipo de cambio estable que abrió las importaciones. El indio que antes no salía de la pobreza ahora podía tener negocios, camiones de carga, casas de cinco pisos y su “Toyotita”.
Pero los años dorados también dejaron sombras: corrupción, desfalcos, redes de tráfico de influencias y, por último, la crisis económica vigente. Sin embargo, quedó un nuevo actor social al que se denomina el sujeto popular: urbano, de origen indígena y parte de la economía informal. Ese sujeto hoy vota por la derecha sin conflicto. Pero ¿eso lo convierte en un “indio de derecha”?
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Capitalismo clásico versus “capitalismo para todos”
En el balotaje de este 19 de octubre de 2025 se enfrentan Rodrigo Paz (PDC) y Jorge “Tuto” Quiroga (Alianza Libre). Ambos son de derecha. La izquierda del MAS, dividida entre Evo Morales y Luis Arce, quedó fragmentada y reducida a porcentajes débiles.
Pero la derecha no es homogénea. “Tuto” representa la receta clásica: reducir el Estado, agroexportadores, privatización, FMI, regreso de la DEA. Su candidato a vicepresidente, Juan Pablo Velasco, arrastra tuits racistas donde llamaba a “matar” a los collas (habitantes de la parte andina del país), lo que complica aún más su intento de acercarse a sectores populares.
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Paz y su vicepresidenciable Edmand Lara no se distancian del tutismo en lo económico, ya que su propuesta también busca reducir el Estado y aliarse con el sector privado, pero ofrecen un matiz: un “capitalismo para todos”. Llévese su capitalismo, casera, hay para todos. Puede sonar demagógico en lo teórico, pero recuerda lo que el MAS hizo en sus mejores años: dar capital a los indios. Y aunque el capitalismo refuerce desigualdades (pues con el MAS muchos empresarios también se hicieron más ricos), para muchos indígenas el capitalismo se volvió un sistema útil: los indios comerciantes, contrabandistas y negociantes encontraron allí un espacio para prosperar.
El indio y su propia política
Estas elecciones muestran que el indio no está atado a la izquierda, esa etiqueta que durante años se le impuso por su condición racial. En 2006 la izquierda fue vehículo para su agenda de poder, inclusión y reformas. Hoy, agotado el Estado Plurinacional y con la corrupción a la vista, el indio puede escuchar a referentes como Nayib Bukele para encontrarse en otras figuras políticas y así respaldar la eficacia de la “mano dura” estatal, incluso si para la izquierda progresista eso suena “facho”.
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Entonces, el indio tampoco es de derecha. No busca “menos Estado”, sino un Estado eficaz y útil, con bonos, infraestructura y facilidades para el comercio. La novedad es que la disputa ya no es izquierda contra derecha, ni masismo contra antimasismo. El eje real es la clase social: la nueva clase media popular frente a la élite de siempre, política y empresarial.
El escenario es complejo: los candidatos prometen capitalismo y estabilidad, pero la crisis económica aprieta y no hay proyecto sólido. Lo único claro es que la puerta para la derecha ya está abierta. Bolivia no es la misma de hace 20 años, y quien gane el 19 de octubre tendrá que gobernar un país donde el indio no se deja etiquetar.

Quya Reyna es escritora y periodista
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