Desterrados del agua: la migración como consecuencia del cambio climático

Por María José Jarpa (*) | Foto principal: Ramin Khatibi

Un informe del Banco Mundial estableció que, de aquí al año 2050, el cambio climático podría generar el desplazamiento interno de cerca de 140 millones de personas que habitan en regiones densamente pobladas del mundo. En América Latina, la cifra alcanzará los 17 millones si no se toman medidas en este tema. Chile no sería una excepción en la materia.

En 2017, en tanto, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), del sistema de las Naciones Unidas, publicó un estudio que se basó en localidades de cinco países de Sudamérica —Chile, Brasil, Ecuador, Colombia y Argentina— con el propósito de analizar la relación entre el fenómeno del cambio climático y la movilización de poblaciones. En Chile, el lugar seleccionado fue la comuna de Monte Patria, emplazada en la Región de Coquimbo, a unos 436 kilómetros al norte de Santiago. La zona se caracteriza por un alto componente rural.

Según la investigación, el 15% de su población —mayoritariamente personas jóvenes— migró hacia otros sectores del país, principalmente a zonas mineras, entre los años 2006 y 2016, a raíz del cambio climático vinculado a las sequías y el acceso restringido al agua.

—La sequía ha afectado de manera directa a la población, en términos de falta de agua, por ejemplo, pero también de manera más indirecta, en la disponibilidad de trabajo en la agricultura —explica Pablo Escribano, especialista Regional en Migración, Medio Ambiente y Cambio Climático de la Oficina Regional para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe de la OIM.

Escribano precisa que el estudio “puso en evidencia que, aunque sea difícil aislar exactamente los factores ambientales de la migración, las personas entrevistadas sí reconocen que la sequía afecta a sus medios de vida, por lo que hasta el 49.5% de los 180 hogares entrevistados estaría dispuesto a migrar desde Monte Patria”.

El alcalde de Monte Patria, Camilo Ossandón, coincide con el diagnóstico.

—La sequía que lleva Monte Patria abarca un marco de tiempo de 15 años y es un efecto del cambio climático que se está acentuando en nuestro territorio —afirma.

Según Ossandón, en Monte Patria se han perdido más de dos mil hectáreas productivas en el contexto de la sequía. Indica que esto “es el reflejo de que el 17% de la población haya migrado a trabajos de otras actividades económicas, como los servicios o la minería en el norte, principalmente a Antofagasta, Copiapó y también a Santiago”.

La migración desde Monte Patria por factores ambientales no es el único caso en la región. Esta situación también afecta a localidades de las comunas de Ovalle, Punitaqui, Canela e Illapel, como se pudo establecer en este reportaje. De estas cinco comunas investigadas, solo de Illapel y Monte Patria se obtuvo información estadística relacionada con estos procesos.

En el Plan de Desarrollo Comunal de Illapel 2014-2018, en el capítulo de migración interna —aquella que se produce dentro del país— las cifras arrojaron que, durante el año 2002, en estos territorios emigraron más personas de las que inmigraron. Entre las causas se mencionan factores sociales, económicos y geográficos, aunque no se profundiza desde el punto de vista estadístico.

Población de cinco años o más que inmigra y emigra de las comunas investigadas para este reportaje. La información fue obtenida del Pladeco 2014-2018 de la Municipalidad de Illapel. | Elaboración propia.

Por otra parte, en el caso específico de Monte Patria, información entregada vía Ley de Transparencia, y basada en los censos de población de 1992, 2002 y 2017, establece que en esos años también salieron más personas de las que entraron a dicha comuna.

Se excluye población de cinco años y las categorías de ignorados, residentes hace cinco años en el extranjero, residentes en el extranjero a la fecha del Censo y no aplicables. Fuente: Municipalidad de Monte Patria. | Elaboración propia.

Quedarse o partir

La migración a raíz del cambio climático es una materia de discusión en el mundo científico y académico. Y es que, si bien se han realizado estudios internacionales en la materia, como los del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), la movilización de población por causas ambientales se cruza con otras variables.

Luis Eduardo Thayer, sociólogo y especialista en migraciones de la Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez, indica que en un proceso migratorio hay dos componentes relevantes: las causas personales y las estructurales. En este último caso se incluyen factores como el empleo, la concentración de riquezas y el medioambiente.

Respecto a las causas ambientales, Thayer señala que, tal como sucede en otros procesos migratorios, “lo que se ve hoy día es una redistribución de la población sobre la base de las desigualdades. La gente se va de los lugares donde no hay empleo; de los que se empobrecen. Se traslada adonde se están enriqueciendo, porque se está estructurando el planeta, la organización del sistema, sobre la base de la concentración de la producción de valores en algunas zonas”. En esa línea, agrega que “las condiciones ambientales (también) están desigualmente distribuidas”.

En relación a Coquimbo, la Dra. Sonia Salas, docente de la Universidad de La Serena e investigadora asociada en el área de vulnerabilidad y cambio climático del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), sostiene que en la región el fenómeno migratorio es “multivariado” y que “hay una tendencia a desplazarse hacia las zonas urbanas en la búsqueda de una mejor calidad de vida”. Esta situación se vincula, principalmente, con los servicios educacionales y laborales de la ciudad.

En cuanto a las migraciones en el marco del cambio climático y la sequía, la Dra. Salas explica que las comunidades “desarrollan estrategias antes de migrar”. Por ejemplo, con cambios en el estilo de vida. También indica que los adultos mayores “están dispuestos a arriesgarse antes de migrar”, ya que tienen mayor arraigo con el territorio. “La situación de los jóvenes es distinta; saben lo que puede dar el trabajo que no es la agricultura”, agrega la académica.

Respecto a la adaptación a la sequía, Salas especifica que depende del caso, puesto que “el empresario es capaz de subsistir en épocas de procesos de desertificación. Por ejemplo, las grandes empresas están plantando uvas en un momento determinado, porque se cotiza mejor en los mercados internacionales, pero de pronto se reorientan al consumo de paltas (…). El agricultor de subsistencia no tiene esa capacidad”, puntualiza.

Las consecuencias

El desarraigo, la pérdida de identidad en los territorios y la pobreza son algunas de las posibles consecuencias de la migración por motivos ambientales, según los expertos.

—Cuando las personas emigran de situaciones de crisis (económicas, políticas, sociales, y más aún ambientales) donde cambian las condiciones de vida en los lugares de origen, no vuelven. Se genera una situación de desarraigo respecto del lugar de origen y una búsqueda de asentamiento en el de destino —asevera Luis Eduardo Thayer.

Sobre la identidad de zonas rurales afectadas por la migración, el sociólogo añade que “en el caso de los caseríos, las identidades están asociadas a las prácticas. Entonces, al morir el pueblo, muere el estilo de vida que las sostiene”.

Ricardo Truffello, director del Observatorio de Ciudades de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica, plantea que existe una alta probabilidad de empobrecimiento de las poblaciones rurales que se ven obligadas a partir.

—Una migración forzada desde un modo de vida que probablemente es la agricultura, a trasladarse más hacia el sur (del país) a una zona urbana, en el fondo es pobreza de inmediato —explica Truffello.

En esta línea, fundamenta que “la agricultura de subsistencia les permite desarrollarse con menos ingresos (…). Si tú deslocalizas a esa persona, lo que le espera es, primero, no contar con los capitales que tenía». Por otra parte, agrega, “¿a qué trabajos va a poder acceder? No tiene una red de protección asociada, porque quedó en su territorio. Entonces, para ellos esa es una tragedia sí o sí”.

(*) Periodista. Esta investigación forma parte del reportaje transmedia «Desterrados del agua: migrantes del cambio climático en Chile», un proyecto autogestionado e independiente enfocado en visibilizar las consecuencias del cambio climático y la sequía en poblaciones rurales del norte chico de Chile, particularmente el fenómeno de la migración ambiental y la disputa por el agua entre las comunidades campesinas y los sectores productivos.

El proyecto fue realizado por un grupo multidisciplinario de profesionales interesados en evidenciar problemas sociales relacionados con el medioambiente y la migración. El equipo es conformado por María José Jarpa, periodista y directora del proyecto, la también periodista María Paz Byers, el comunicador audiovisual Sebastián Palma, la artista visual Amanda Rodríguez, el desarrollador web Sergio Palma y el compositor Sergio Sauvalle, quien aportó con piezas musicales inéditas para este reportaje.

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