Grace and Frankie: la sororidad en una amistad antagónica

Por Antonia Espoz Jerez (*)

Sé muy bien lo difícil que es ese momento en el que se termina la serie que estabas viendo y no sabes con qué seguir. Luchas por decidir entre “Populares en Netflix”, “Agregados recientemente”, las sugerencias de tus amigos en redes sociales y la reseña de ese sitio que te encanta. Encontrar una serie que te llene como la última que viste es una tarea difícil. Para el telespectador de hoy, una de las cosas más importantes es elegir una serie que no sea indiferente a los tópicos de la contingencia social (como la inclusión de la comunidad LGBTIQ+, de las personas con discapacidad y de los grupos étnicos) y que cuente con un elenco diverso en género y un guion llamativo, más que buscar locaciones de ensueño o increíbles efectos especiales.

Así llegué a ver la mejor serie feminista según Vogue España, «Grace and Frankie». Con la participación de dos increíbles actrices, actualmente activistas y feministas, respaldadas por una trayectoria brillante, en una primera escena nos encontramos ante una elegante Jane Fonda (Grace) y una hippie Lily Tomlin (Frankie) en un restaurante fancy de San Diego, California. Sentadas, esperando lo que en primera instancia será un gran anuncio de sus esposos, ya notamos la enorme brecha de personalidades que existe entre las dos protagonistas.

Todo se derrumba al enterarse de que la gran noticia era la petición de divorcio en ambos casos, puesto que los esposos pretenden contraer matrimonio entre sí. El amor prohibido se habría mantenido por más de dos décadas de las cuatro que han transcurrido desde que comenzaron las parejas heteronormadas, bordeando los 80 años y económicamente acomodadas.

Con el corazón destrozado y una mente engañada, Grace y Frankie se ven obligadas a empacar sus pertenencias y exiliarse a su residencia en la playa La Jolla, de la cual ambos matrimonios son copropietarios y donde forzosamente las protagonistas deben convivir.

Sin embargo, estas últimas comienzan una amistad bastante particular y muy cómica a los ojos del espectador. Con el curso de los capítulos, nos hacemos parte de sus vidas cotidianas y de la relación que van construyendo juntas. Grace —una empresaria jubilada, distinguida y conservadora— lucha contra el hippismo, los “remedios naturales” y el arte revolucionario de Frankie: se trata de personalidades no muy afines que, a pesar de todo, se logran adaptar.

De paso, nos adentramos en la biografía de dos mujeres maduras que se rebelan contra los roles de género, las imposiciones de la edad y la discriminación al adulto mayor, y que visibilizan la sexualidad geriátrica.

El tabú de la vejez

Según los estadios biológicos determinados por la ciencia, nos volvemos “viejos” a los 60 o 65 años. Esto implica el deterioro físico y cognitivo que trae consigo la pérdida de memoria y de fuerza, las alteraciones hormonales, las enfermedades y los cambios en la nutrición, entre otros fenómenos. Por otra parte, la ancianidad también está acompañada de una modificación del comportamiento social.

Abandonamos a los adultos mayores en términos económicos y afectivos. Sus pensiones son paupérrimas. Incluso, hay quienes piensan que deberíamos trabajar más años para aumentarlas, en vez de transformar el sistema previsional. Muchas veces, hasta los creemos incapaces de sentir placer sexual o de enamorarse. ¿Cuál es la justificación? “Son muy viejos para esas cosas”, decimos.

«Abandonamos a los adultos mayores en términos económicos y afectivos. Muchas veces, hasta los creemos incapaces de sentir placer sexual o de enamorarse». | Cristian Newman vía Unsplash.

Según los resultados de la Encuesta Casen 2017, los adultos mayores representan el 19,3% de la ciudadanía, lo que equivale a casi 3,5 millones de personas. ¿Por qué dejamos de lado a casi un 20% de la población por creerlos torpes y asexuados?

«Grace and Frankie», entonces, visibiliza de una manera sarcástica y lúdica las dificultades a las que se ven enfrentados los adultos mayores, como la discriminación en trámites bancarios (vale decir, pedir un crédito que muchas veces no se les autoriza por no tener los suficientes años de vida para pagar los intereses) o la heteronormatividad, que obliga a los maridos a ocultar su romance por miedo al que dirán. La serie derriba mitos acerca de la sexualidad en la vejez mediante situaciones hilarantes y desecha el paradigma de la mujer madura despolitizada, destacando la sororidad femenina y los desafíos en la relación con los hijos, que con el pasar de las temporadas se vuelven cada vez más aprensivos y sobreprotectores. Nos enamoramos del mimetismo de las amistades, de los amores y los desamores, y de cómo una serie con adultos mayores puede desarrollar todos los tópicos sin tapujos ni tabúes.

Estrenada el 8 de mayo de 2015, “Grace and Frankie” es una comedia estadounidense original y veterana de Netflix, por lo cual los protagonistas muestran la vida de los ancianos de Estados Unidos. ¿Cómo podríamos definir la calidad de vida de los viejos de nuestro país? ¿Cómo sería una serie chilena que reflejara la realidad local? ¿Correspondería a la sección de drama o a la de comedia?

Con una coprodución a cargo de una de las creadoras de la inigualable sitcom «Friends», Marta Kauffman, junto al escritor y productor Howard J. Morris, la invitación es a sumergirse en una serie sin prejuicios, emotiva y encantadora, donde vemos la amistad forjada entre una empresaria/ narcisista/alcohólica y una artista/hippie/amante de los tacos vegetarianos, y a prepararse para reír, llorar y amar. Enjoy it!

(*) Licenciada en Educación y Profesora de Biología y Ciencias Naturales (UMCE) y Diplomada en Psicología Educacional (UCh). Se declara una combatiente en la lucha contra el analfabetismo científico–humanista–artístico, el maltrato animal y los políticos nefastos, además de una entusiasta defensora de la diversidad de género, el amor y la empatía. En sus palabras, Netflix la salvó de un “inminente suicidio mental”.

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