Amor romántico y vidas polígamas

Por Colectivo Trenza (*) | Foto principal: Helena Jankovičová

El amor romántico “duele”, sobre todo a las mujeres. Eva Illouz y Tamara Tenenbaum plantean que es un sistema de sujeción en el que encontrar pareja —varón— se constituye para las mujeres en el principal proyecto de vida, subordinando otros deseos a esa búsqueda. El deseo de los hombres, en cambio, sería múltiple; sus proyectos de vida no se subordinarían a buscar amor, aunque sí estarían limitados por la masculinidad heteronormativa.

Cabría pensar que la caída del amor romántico conllevaría un declive del sufrimiento asociado a este. Sin embargo, en tiempos de poliamor e identidades deconstruidas, personas de diverso género y orientación sexual seguimos sufriendo. ¿Cómo comprender el padecimiento de amar y desear en tiempos del feminismo?

Si bien el amor romántico ha sido problematizado y se han liberalizado la sexualidad y las posibilidades de desear, las nuevas configuraciones siguen insertas en la cultura de consumo neoliberal, dejando intactas las lógicas del patriarcado y sus violencias. Por su parte, el psicoanálisis enseña que toda solución cultural a la complejidad de nuestros deseos conlleva tensiones. La relación entre deseos individuales y lazo social es conflictiva, como señaló Freud al analizar los malestares en la cultura de su época. Así, el problema no radica solamente en que ciertas formas de la cultura opriman y que la posibilidad de liberarnos pase por su destrucción. No. El encuentro con otrx implica inevitablemente un exceso, asociado al trámite de la agresión y la hostilidad, y otras difíciles transacciones. Amar y darnos placer supone tolerar montos de malestar que no necesariamente expresan una falla del amor.

La filósofa feminista Rosi Braidotti desafía a imaginar nuevas formas de pensar que nos ayuden a atravesar este proceso, resistiendo la institución de nuevos ideales. No se trata, creemos, de condenar el amor romántico para erigir el poliamor como nueva y última solución, sino más bien de comprender que hay en nosotrxs un juego de aspectos múltiples, en permanente negociación con nosotrxs mismxs. Devenimos sujetos en el contexto de nuestras relaciones, en un proceso retrospectivo que aloja aspectos que escapan a nuestro control consciente. Siempre tropezaremos con algo, por más feministas y deconstruides que pretendamos ser.

Difícilmente una sola relación satisfacerá todo nuestro erotismo. Pero también es posible que teniendo sexo con muchas personas estemos repitiendo la misma experiencia y desplegando un tipo distinto de tedio o futilidad. Además, el erotismo no se agota en lo sexual; puede materializarse en otros espacios, como la amistad, la naturaleza o el arte.

Las personas somos paradojales. Si entendemos que deseo inconsciente y voluntad no siempre coinciden, podremos enfrentar nuestras contradicciones con más humor y creatividad, y sosteniendo modos potenciales de ser y relacionarnos con otrxs. Poligamizar nuestras vidas no implica un relativismo liviano, sino atender a la multiplicidad de deseos que nos constituyen para ir abriendo formas de relación que alojen y trencen su complejidad sin sofocarnos en ellas.

Como señala Tenembaum, el fin del amor romántico no es el fin del amor, sino la invitación a una ética, a preguntarnos cómo vamos a sostener vínculos afectivos en tiempos de incertidumbre y cambio. Y también a preguntarnos sobre las condiciones que como sociedad debemos garantizar para que amar y desear sea posible para todxs.

(*) El Colectivo Trenza: clínica, psicoanálisis y género está integrado por Manuela Agüero, María Paz Ardito, Trinidad Avaria, Carolina Besoain y Andrea Rihm.

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