
El académico y co-organizador del evento habla sobre su relación personal con la música de Mena, el prejuicio que, asegura, todavía existe contra el pop y la importancia de acercar la investigación a los artistas y a su público: «Va a ser como un mini Lollapalooza».
Por Matías Saa
Felipe Cussen es académico e investigador, pero también un fan de Javiera Mena desde hace años. Esa admiración se cruzó con una investigación que desarrolla sobre la relación entre la música electrónica y la mística. En ese trabajo, comenzó a interesarse por la música de Mena, especialmente por Espejo, un disco de 2018 donde la artista aborda temas espirituales y esotéricos.
La idea de organizar un congreso sobre Javiera Mena nació de esa investigación y de las conversaciones con Cynthia Shuffer, directora del Magíster en Arte, Pensamiento y Cultura Latinoamericanos en IDEA-USACH, y quien también sigue la trayectoria de la compositora desde hace años.
Luego, sumaron a Daniela Benincasa de la Corporación Cultural de la USACH. Cuando Cussen se dio cuenta de que en 2026 se cumplían 20 años del álbum Esquemas juveniles, pensó que era una buena oportunidad para hacer algo más grande.
El congreso reunirá a investigadores, periodistas, artistas y seguidores de la cantante para acercarse a su obra desde distintas perspectivas. Pero también busca discutir el lugar que ocupa la música pop dentro de la academia y reivindicarla como una forma de creación que merece ser estudiada con la misma seriedad que otras expresiones artísticas.
En esta conversación, Cussen cuenta cómo nació el proyecto, por qué decidió involucrar directamente a Javiera Mena y cómo se fue formando el equipo detrás del congreso. También habla sobre su relación personal con la música de Mena, el prejuicio que todavía existe hacia el pop y la importancia de acercar la investigación académica a los artistas y a su público.
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—¿Cuál fue tu experiencia biográfica con el disco hace 20 años?
—Desde chico, siempre he sido muy pop. Mis primeros gustos fueron los Bee Gees, la música disco, Michael Jackson y la música de Flashdance. Después, esos gustos se fueron mezclando con cosas más rockeras, alternativas y experimentales. También estudié flauta dulce y escuché mucha música barroca, renacentista y medieval. Tengo gustos muy abiertos, pero el pop siempre ha estado al centro.
«En los 90, Chile era una época poco pop. Corazones, de Los Prisioneros, fue muy importante para mí. También me gustó mucho Supernova. Después me fui a estudiar un doctorado a Barcelona y volví en 2004, bastante desconectado de lo que estaba pasando en Chile. Cuando regresé, conocí a Miranda! y, poco después, a Javiera Mena y a Pancha Villela».
«La música de esa generación me permitió reencontrarme con el pop chileno. Era un pop menos calculado y con mucha libertad para mezclar estilos. Me sentí muy identificado con esa forma de escuchar música sin prejuicios: podía convivir Violeta Parra con Stereolab, el Italo disco o los Carpenters».
«Para mí, fue una especie de salida del clóset musical. Yo ya tenía treinta y tantos y veía que mis amigos se volvían más conservadores musicalmente, mientras esta generación abrazaba gustos muy diversos. Aunque tenía varios años más que ellos y estábamos en momentos vitales distintos, conecté mucho con esa música. Por eso sigo yendo a sus conciertos. Me siento muy viejo, pero también es algo muy revitalizante. Y no solo hablo de Javiera, sino también de Gepe, Álex Anwandter y toda esa generación. Admiro mucho lo que hicieron y el espacio que abrieron para el pop en Chile».
—¿Has visto conservadurismo dentro de la academia respecto al pop?
—Mucho, aunque menos que antes. Siempre existe una discusión interesante sobre qué estudiamos, cuál es el canon y qué merece ser estudiado. Hoy, por ejemplo, muchos estudiantes investigan mangas y novelas gráficas, y nosotros no siempre estamos preparados para comprender esas investigaciones. No formaron parte de nuestra cultura, pero para las nuevas generaciones son centrales. Obviamente, tenemos que hacernos cargo de eso y estudiarlo en la universidad.
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«Lo mismo ocurre con la música. Cuando Bob Dylan ganó el Nobel, hubo gente que discutió que un músico pudiera formar parte de la literatura. A mí me parece una estupidez. La literatura nace ligada a la música, a la oralidad y a las obras cantadas o recitadas. En literatura todavía existe mucho apego al libro como único soporte. También he visto cierto paternalismo hacia el pop: estudiarlo como fenómeno de consumo o sociológico, pero no necesariamente como una obra compleja. Y hacer una buena canción pop es dificilísimo. Sus ajustes internos y equilibrios pueden ser tan sofisticados como los de un excelente soneto, un cuento o una novela experimental».
«También me molesta la idea de que el crítico deba ponerse por encima del autor y explicarle qué quiso decir. Siempre me ha interesado saber qué piensa un autor o una autora sobre su propia obra. Por eso me gusta tanto hacer entrevistas: me interesa entender cómo funciona la cabeza de alguien que crea una obra. Esa mirada también permite hacerle justicia al pop, asumir su complejidad y dejar de pensar que algo pierde valor porque es popular. Al contrario, me encantaría que escritores como Cynthia Rimsky o Mario Montalbetti fueran muchísimo más conocidos. Si son buenos y además venden muchos libros, mejor todavía».
—En una entrevista en Radio USACH, mencionaste que, en el diario El Mercurio, el jazz y la música clásica están en Cultura y el pop, en Espectáculo. ¿Qué opinas sobre el conservadurismo en los medios de comunicación?
—Creo que es aún peor. El panorama de los críticos musicales hombres en los diarios me parece muy conservador. Por suerte, Marisol García, Javiera Tapia, Bárbara Carvacho, Paula Altamirano y muchas otras periodistas han ocupado espacios en medios digitales, YouTube y programas que da gusto escuchar. David Ponce también me parece una gran excepción.
«Si uno mira medios como La Tercera, muchas veces siguen apareciendo las mismas referencias: Los Prisioneros, Los Tres y otros grupos que, aunque me encantan, ocupan un espacio desproporcionado frente a todo lo que está pasando. Ahí aparece esta oposición entre rock y pop, junto con una idea de autenticidad que me parece bastante conservadora. Me parece una estupidez juzgar una canción por su ‘honestidad’. El rock suele estar asociado a esa idea de pureza, de pararse con una guitarra y contar la vida real. En cambio, lo que me gusta del pop es que asume conscientemente el artificio. Te dice: ‘Esto es un juego. Esto es una ficción. Juguemos’».
«Eso se ve muy bien en Miranda!, por ejemplo, y también en la música barroca, donde el artificio está llevado al extremo. Para mí, justamente eso es lo bonito de una canción. Por supuesto, existen obras que nacen de una emoción muy profunda, pero pensar que el valor de una obra depende de su honestidad me parece una mirada demasiado limitada».

—Respecto al congreso, llegaron muchos, muchos, muchos artículos. ¿Qué están escribiendo los estudiantes de colegios y liceos?
—Llegaron casi 80 propuestas y aceptamos la mayoría. El foco está principalmente en Esquemas juveniles, aunque también hay ponencias sobre Otra era y Primeras composiciones. Hay trabajos muy distintos: algunos más sociológicos, culturales o políticos; otros más biográficos y cercanos a la crónica».
«Algo que me ha encantado es que muchos abstracts están escritos en primera persona. En un congreso académico tradicional uno suele leer textos impersonales, mientras acá alguien puede decir: ‘Yo era un joven, escuché a Javiera Mena y me cambió la vida’. Incluso, las biografías son muy personales. Hay gente que pone su colegio como filiación o cuenta que también hace música. Esa dimensión personal y apasionada me parece maravillosa».
«También me entusiasma que esto ocurra dentro de la universidad. Siempre he pensado la academia con un pie adentro y otro afuera. La universidad puede ser un espacio de encuentro entre personas con trayectorias y miradas muy distintas, y este congreso demuestra que también puede servir para reunirse simplemente porque algo nos apasiona».
«Además, hacerlo ahora tiene una dimensión política. Frente a tantos ataques contra la universidad (como institución en general), una forma de responder es hacer cosas con alegría, por gusto y por placer. En cierto sentido, esto es como una convención de Star Wars, pero de Javiera Mena, dentro de la universidad. Y me encanta que podamos hablar desde el fanatismo y dedicarnos a lo que nos gusta».
—¿Qué viene aparte de este congreso?
—Sí, se va a dar el documental Al unísono, la presentación de la Javi Tapia y varias cositas más. Vamos a tener la experiencia de escuchar el disco en el Planetario, que es alucinante. Y también va a haber un concierto homenaje en el que varios grupos chilenos van a tocar, cada uno, una canción del disco, en orden. Va a ser como un mini Lollapalooza. Y eso va a ser, aparte, en el Aula Magna de la USACH, que es un teatro antiguo, pero precioso, que suena súper bien, de madera. Así que vamos a tener eso. Y hay un par de sorpresitas más. La idea, también, es hacer un taller de fanzines. Va a haber merchandising, venta de libros, etcétera.
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—¿Esto da pie para trabajar con otros artistas o con otros discos? ¿Con Álex Anwandter, por ejemplo?
—No lo hemos pensado directamente. Soy muy fan de Álex. De hecho, presenté su libro de poesía. Fui al concierto aniversario y todo. Por ahora, no creo que hagamos algo así.
«Quizá me gustaría repetirlo a los 20 años de MENA, que quizá es mi disco favorito de la Javiera. La entrevisté por primera vez en 2010. Entonces, me encantaría, por ejemplo, en 2030 recopilar todas las entrevistas que le he hecho y algunas columnas que he escrito sobre ella. Me gustaría algún día armar algo así».
«Me interesa reivindicar lo que piensan los artistas, más allá de que, claro, quizás no publican un paper. Detrás de una canción, detrás de un buen libro, hay una enorme cantidad de investigación, de reflexiones, de estrategias, de referentes que se están conectando, y creo que en la academia no le hacemos justicia a eso. Para mí, este congreso es un acto de justicia, de reivindicar no tanto el talento, así como una cosa etérea, sino un trabajo tan serio, tan profundo, tan cariñoso que ha hecho la Javi creando sus canciones. Eso es tremendamente valorable».
«Ella ha ocupado metáforas como de ser una artesana, y lo valoro mucho, porque se nota. A eso le estamos haciendo justicia, y a su capacidad para situarse en un contexto, plantear su condición, su mirada, sus perspectivas sobre el mundo con mucha soltura, con mucha gracia, y abrir mucho espacio a nivel cultural, artístico y político con su activismo. Eso es lo que estamos celebrando».
—¿Cuál fue la impresión de Javiera Mena respecto a esto?
—Está muy contenta y emocionada. Fue como: «¡Guau!». Y yo estoy muy contento de que a ella también le esté pasando esto. Creo que está muy feliz. E insisto: me parece muy justo, muy merecido este homenaje.

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