¿Hambrecita? Acompaña a nuestra cronista gastronómica en su ruta por los mejores lugares donde probar esta deliciosa preparación.

Por Cin González Leyton

Cuando tengo que decir cuál es una de las cosas que más amo comer, elijo el crudo. Que me perdone el ceviche, porque me cuesta decidirme por uno de los dos, aunque, sin duda, ambos se disputan los primeros lugares de mis comidas predilectas. Y, además, ambos son carne cruda macerada en limón, lo que, para mi gusto, es el alimento perfecto para estos días en que Santiago arde como si el sol estuviese a punto de chocar con la Tierra.

Cada vez que puedo, pruebo el crudo de algún lugar. Tengo un restaurante regalón, porque está a la vuelta de mi casa, pero también porque es muy bueno. Estoy hablando de la Fuente Suiza. Ahí te sirven una rojísima bola de carne mezclada con cebolla, ubicada al centro de un gran plato, rodeada de limón y pocillos con salsa verde, ají picadito y mayonesa. En otro plato te traen con generosidad pan crujiente y recién tostado, elaborado por ellos mismos, sobre el cual puedes montar el crudo como prefieras.

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El sabor de la carne lo dice todo. La de la Fuente Suiza deleita, tanto si gustas comerla directo en el pan como si prefieres dejarla en el plato mezclándose con el limón. Su textura suave te conquista desde el primer bocado y, si pensaste que era mucha cantidad, te darás cuenta de que estás equivocado al volver a mirar el plato y verlo vacío.

Si hay una mezcla buena, es la del crudito y la cerveza. Y en el Krossbar hay para regodearse. La que la carta recomienda para hacerle compañía a su crudo es la Golden, pero, como soy porfiada, prefiero la Pils. En este bar te ofrecen el crudo aliñado o bien aliñarlo tú mismo. La proactividad y el amor por las manos en la masa me obligan a tomar la segunda opción: no hay nada como prepararse uno mismo el crudo y que el jugo de limón te corra hasta el codo. La carne es rica, la mostaza, buenísima, y la mayo, increíble. Es un plato que disfrutas de principio a fin.


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Y, como estamos hablando de la mezcla «crudo + cerveza», es necesario traer a la palestra el crudo del Bierstube. En este pequeño barcito de madera, ubicado frente al Parque Forestal, encuentras una mezcla increíble para maridar: cerveza negra hecha por sus dueños y un crudo sensacional. Acá puedes comer crudo o «crudo al canapé» o tártaro (con yema de huevo). Es un bar tan chiquito, que Marta, la chica que generalmente atiende, te trae lo que pides en instantes. El crudo al canapé está aliñado y viene listo sobre pancitos de molde integral. La mostaza del Bierstube es una osadía absoluta: si optas por añadirla, eso demuestra que realmente tienes agallas con los sabores intensos.

Un lugar que también recomiendo conocer por su crudo es el Tante Marlene, en Vitacura. No suelo visitar, ni menos recomendar, lugares de la zona oriente de Santiago. Por trabajo, me toca hace años moverme en estos sectores y me he visto obligada a alimentarme ahí cada tanto. Una de esas veces caí en este lugar, que es una verdadera experiencia alemana. Hay comidas deliciosas y sí, un pernil al plato lo encuentras en una picada, pero un festín germano como el de la carta del Tante no lo he visto en otra parte.

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El crudo aquí es una experiencia alucinante. La posta previamente condimentada viene acompañada de alcaparras y pepinillos, montada sobre una salsa mágica de sabores sobrenaturales… o quizás eso sea una linda manera de expresar que no sé de qué era la salsa. Pero se aproxima a una muy excelente mayonesa con especias. 

Si el crudo en Santiago se disfruta, en el sur se consagra. Este verano visitaré por sexta vez Valdivia, donde entregaría al Das Haus el premio al mejor crudo. Nunca he probado un crudo tan increíblemente delicioso. Te obliga a cerrar los ojos para conectarte con el sabor que inunda y recorre tu cuerpo y con el éxtasis que se apodera de todos tus sentidos. Puedes pedir un crudo en su pan, o más de uno, o bien un plato grande para compartir con una bola enorme de carne, estilo Fuente Suiza. El Das Haus está en pleno centro de Valdivia, desde 1959 alegrándonos la vida con sus sabores incomparables. El lugar es hermoso, pequeñito —solo tiene cuatro mesas y una barra— y conserva intacta su tradición. Si vas a Valdivia, es una parada imprescindible. Si existe un lugar donde el crudo se vuelve experiencia, es aquí.

Cin González Leyton es licenciada en Educación, diplomada en Mediación Lectora y máster en Edición de Libros. Escribe sobre completos y hace dibujos emo

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