
¿Por qué y para qué publicar libros en pleno 2025, cuando el lenguaje audiovisual parece haber ganado definitivamente la batalla por la atención del público? Se lo preguntamos a una editora chilena. Esta es su reflexión.
Por Daniela Escobar Contreras
Daniela Escobar es editora de Overol
Fotografía principal: Jess Bailey vía Unsplash
¿Por qué editar libros hoy? Es una pregunta recurrente que aparece en los momentos menos románticos del oficio. Una pregunta que toma, incluso, un tono de autorrecriminación mezclada con risa: por qué me metí en esto. Descalces entre expectativas y calendarios, figuras y colores, libros leídos versus libros impresos. La pregunta ingresa a la bodega llena, o cuando nos toca decir no —tarea difícil—, cuando los pagos demoran, el stock del papel falla y los presupuestos suben sin vuelta atrás.
Vale la pena tener en cuenta algo que dijo en una entrevista Ezequiel Fanego, editor de Caja Negra: «No dejamos de ser trabajadores cognitivos al servicio del capitalismo. En un momento en el cual la explotación de la información y el saber es constante, nosotros nos vemos sometidos a una autoexplotación permanente, más allá de que el proyecto sea nuestro». Y es que el emprendimiento actúa como un espejismo de realización y de éxito, de democratización del acceso al trabajo.
Gracias por leer Artefacto. Suscríbete al canal en WhatsApp y recibe gratis todo nuestro contenido directamente en tu teléfono
Por ello, es conveniente no solo mantener a raya los relatos heroicos, sino también cuidarse de precarizar aún más el ejercicio de la edición. Intuyo: el para qué se responde no solo en la circulación de contenidos, sino también en cómo producimos esos contenidos. Estas formas de producción incluyen la autocrítica y la cohesión de una comunidad en torno a «la cadena del libro»; puntos importantes para pensar en una editorial como un espacio de encuentro que, ojalá, nos permita lidiar mediante lo colectivo la sensación permanente de crisis. Cadena. Tengo el recuerdo lateral de mi mamá lavando visillos enormes que fueron más fáciles de secar al sol cuando mi abuela al frente y yo al final los subíamos a un cordel.
Los libros pesan. Ocupan un lugar. Y justamente esta pesadez encierra un motor. ¿Para mover qué? Voces, conexiones, formas de vincularse que producen nuevas formas. Ideas livianas y difíciles de digerir; crítica y aire fresco. Dejar de escribir un poco de lo mío y leer, editar, facilitar la lectura de un texto que no pude haber escrito y difícilmente podría haber circulado solo. Y otra vez: ¿para qué? Desentrañar, extrañarse. Vincularse con lo raro cuando los discursos se vuelven homogéneos. Para diversificar y provocar, conectar a lectores y autoras. Conectarme.
También podría interesarte | [Ensayo] Por qué leer los clásicos

Cuando leo un libro ¿adónde voy? ¿Me alejo o vuelvo más a mí? Con mi memoria, participo del texto; de un ritmo, de bailes y platos, formas de nombrar, de una imagen, de otras vidas.
Cuando leo un libro, me pierdo y me sitúo a la vez.
Nuestras neuronas se excitan y diversos vasos sanguíneos liberan nutrientes. No sé dónde estoy cuando leo, pero sí sé que, cuando publico libros, tengo la ilusión de habitar el presente. Como un quiropráctico que vuelve a alinear vértebras. Siendo alguien que tiende a retraerse, editar libros me saca, me permite encontrarme con otros, me obliga a participar del mundo. Aquí me es inevitable recordar a Rosario Bléfari: «Cada momento que vivimos es histórico, de ahí la importancia de estar en el presente, ir a recitales, encontrarse con amigos, leer a los escritores que viven (…), tener un proyecto y llevarlo adelante como sea, aunque alguien lo considere un fracaso, participar en lo que sucede, como sea, estar, vivir lo contemporáneo, sin nostalgia».
También estamos en Telegram. ¡Empieza a seguirnos ahora!
Dar forma a los libros, a través del diseño y la edición, me ha ido formando. Transformar manuscritos, charlar con autores y lectoras. El entusiasmo sigue siendo una trampa y el gusto personal, afortunadamente, va siendo cada vez menos importante. He escuchado que el libro es un amigo, «como ver una serie, pero sin ruido». Un medio para tener conversaciones telepáticas. Respeto estas ideas como la fe ajena.
Publicar no significa obligar a leer o leer de determinada manera. Más bien, es estimular los sentidos y educarlos. Una editorial sigue siendo un espacio vivo, colectivo y de encuentro de distintas perspectivas, sensaciones y experiencias entre las que podemos bucear, salir a tomar aire, recordar y tomar impulso.

Daniela Escobar Contreras es autora del libro Curvatura del ánimo (2018, premio Juegos Literarios Gabriela Mistral) y Pinturas psicosomáticas (2024), además de la plaquette Pasatiempos sobrenaturales (2024). Es profesora de Producción Editorial en la Universidad Diego Portales y una de las fundadoras de Overol, sello en el que realiza labores de edición y diseño.
Sigue a Artefacto en WhatsApp, Medium, Instagram, Threads, LinkedIn, Tumblr, Telegram, X y TikTok.

Deja un comentario