Un conscripto dispuesto a “matar y morir” en una guerra con Argentina que no llegó, y que luego dice que nunca estuvo ahí. Un partidario de Pinochet que milita en un grupo nacionalista opositor a Pinochet. El abogado de un comandante frentista, de rostros de farándula y de narcotraficantes. El fundador de un partido de centro, que después migra a Chile Vamos y luego a la derecha más extrema. Son los confusos pasos de Aldo Duque, el hombre cuya candidatura a la alcaldía de Santiago no prosperó.

Por Benjamín Bravo Yusta

Ilustración: Francisco Curihuinca para Artefacto

Su oficina está goteando y tiene el baño malo. El agua cae en un balde, un paño naranjo y algo de diario. Es 7 de junio. El despacho lleva al menos una semana así. La reparación ha demorado. Antes de los arreglos definitivos, llegaron maestros a trabajar, pero nadie los recibió en esta oficina de abogados en el centro de Santiago.

Es que el dueño es un hombre ocupado.

Aldo Duque dice que no ha tenido tiempo. Que está con tanta cosa. Da esta entrevista entre reunión y reunión, sentado ante su escritorio con lomas de papeles desordenados, mientras su secretaria espera que lo acepten en una audiencia virtual.

La oficina queda en el Paseo Huérfanos, en el corazón de Santiago, la comuna de la que Aldo Duque es vecino desde que nació y de la que, además, pretendía ser su próximo alcalde, apoyado como independiente por el Partido Social Cristiano (PSC), con la promesa de combatir el narcotráfico y crimen organizado. Pero su candidatura se acabó. Después de meses negociando con Chile Vamos, la coalición a la que alguna vez perteneció, Duque desistió de su proyecto municipal y entregó su apoyo a la candidatura del exministro Mario Desbordes, de Renovación Nacional (RN).

Después de varias llamadas y una entrevista a la que no llegó, dice que responderá lo que el poco tiempo que dispone le permita. Da pinceladas de su vida, dice que el Frente Amplio y el Partido Comunista “se roban la plata como si fuera el último día de sus vidas” y que si tuviera un apellido “vinoso” la coalición de Chile Vamos lo habría apoyado desde un inicio.

Aldo Duque viste terno de tres piezas color caqui. Su oreja izquierda sostiene un auricular inalámbrico. Mide 1,73 metros. Tiene la barba ordenada y encanecida. Cuando no lo cubre con alguno de los más de 30 sombreros que tiene, su pelo es bastante similar. Arrastra algunas letras cuando habla, tal vez porque a los cinco años fue atacado por un perro cuya mordedura le privó de su dentadura inferior. Y sonríe poco. Lo que habla, en realidad, es el viento fresco de sus ojos, hábiles e histriónicos.

Desde pequeño le interesan dos cosas: el derecho y la atención. Su primera vez en pantalla fue en el programa televisivo Cuánto vale el show: imitó al cantautor Fernando Ubiergo, se ganó una leche con plátano y su primer sueldo. Después no paró. Cuando supo que quería ser abogado igual que su ídolo de infancia, el ficticio Perry Mason, un día su papá le dijo:

—Mira, pelado, ¿querís ser abogado? Lo primero que tienes que aprender es a ser un sinvergüenza.

Lo hizo, pero no de forma literal. Le dio otra lectura al consejo de su papá: sacudirse de la vergüenza del qué dirán. Hoy tiene 63 años, más de 40 como abogado y una particular lista de personas defendidas: el hijo homónimo de Augusto Pinochet; Anita Alvarado, acusada de trata de blancas; un comandante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez; Francisco “Fra Fra” Javier Errázuriz, a quien admira como mentor; un bullado doble secuestro con homicidio en el que Duque denunció por redes sociales supuestos actos de canibalismo que la Fiscalía aún  investiga; y muchas personas chilenas y extranjeras ligadas al tráfico de drogas, inocentes y culpables.

Lo suyo son los casos mediáticos. Por eso, Aldo Duque se ha definido como “polilla”: siempre en busca de la luz.

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Juan Duque y sus amigos pidieron empanadas con vino en un restaurant de Conchalí. Los atendió Lucía Santos, sobrina de la dueña del local. Él, encandilado, observó a la mujer de apenas metro y medio, le dijo “usted pesa menos que mi abrigo” y al otro día la esperó fuera del local.

Así nació el matrimonio que el 29 de abril de 1961 tuvo al primero de sus dos hijos. Aldo Nolberto creció en una familia de clase trabajadora de Santiago centro. Su padre era inspector de buses y su madre, profesora en una escuela pública. Duque estudió la básica en la Escuela 288 de La Florida y la media la cursó en el liceo A-115 de Puente Alto.

Durante el gobierno de la Unidad Popular (UP), cuenta Duque, vivió experiencias que lo marcaron:

—Mi padre hacía fila desde las 12 de la noche hasta la madrugada. Yo me levantaba a acompañarlo. Iba a las cinco de la mañana para hacer una fila de cuadras. Y a las siete de la mañana nos entregaban cuatro panes con harina negra.

Hizo el servicio militar a fines de la década de los setenta. Tiempos convulsos. El régimen de Pinochet estaba ad portas de una guerra por conflictos limítrofes con Argentina. El 22 de diciembre de 1978 el país vecino inició la “Operación soberanía”, que buscaba invadir islas chilenas e iniciar una guerra.

Duque asegura que ese día lluvioso él y otro grupo de conscriptos fueron enviados a no recuerda cuál isla. Desde el borde costero se veía la flota argentina, a un kilómetro y medio. La playa tenía cobertura de morteros; el conscripto Duque, un fusil en ristre.

—Esperábamos con el dedo en el gatillo. Se nos acalambraba la mano. Había relámpagos, se iluminaba el mar y veíamos los barcos argentinos que venían a invadirnos —agrega—. Las órdenes de Pinochet eran bien claras: se resiste hasta morir, no se entrega ninguna posición y no se toman prisioneros. Yo estaba dispuesto a matar y morir.

Y luego dijo que eso nunca pasó.

Una semana tras esta entrevista, Duque se contactó con Artefacto y negó rotundamente haber vivido lo anterior. Su nueva versión es así: en esas fechas él estaba en Punta Arenas con su tío Julio Santos, trabajador de la Empresa Nacional del Petróleo. Que si vio militares, fue en la frontera terrestre con Argentina. Que era menor de edad y que con su tío se pusieron a cavar trincheras en vísperas del enfrentamiento.

En diciembre de 1978 Aldo Duque tenía 17 años. La ley estipulaba que el servicio militar era para mayores de 18.

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Pablo Cánovas conoció a su amigo Aldo Duque cuando ambos estudiaban Derecho en la acomodada Universidad Gabriela Mistral, en la comuna de Providencia. Lo reconocía porque “era un personaje muy divertido, histriónico y conocido por su manejo del vocabulario”. Recuerda la primera vez que hablaron:

—Un día yo iba saliendo de la universidad y me crucé con él. En ese tiempo se estaba hablando del plebiscito de 1988. Empezamos a hablar del tema y él me dijo que iba a votar que “Sí”.

Duque fue becado en 1982 para estudiar Competencias Comunicativas en Alemania. Volvió a Chile y se inscribió para ser abogado, carrera que terminó en 1992. Pasaba poco en la universidad, recuerda el abogado Cánovas. Tampoco lo invitaban a las fiestas. Mientras sus compañeros iban a la nieve, Duque trabajaba para pagar sus estudios: cortaba repollo en un potrero de campo, y vendía fósforos en la playa y helados en las micros.

Aunque no pasaba inadvertido. Manuel Contreras, hijo del fallecido jefe homónimo de la DINA, la policía secreta de Pinochet, también fue compañero de carrera y amigo de Duque. Lo define como un “liberal en lo económico y conservador en lo político”, y como un “partidario del Gobierno Militar”. Agrega:

—Aldo era un excelente alumno en Derecho Constitucional y Derecho Político. Me dio la impresión de que su vocación era el servicio público.

En 1986, Duque se convirtió en oficial sumariante en la Tercera Fiscalía Militar. Ahí conoció a Viviana Egaña Bonnefoy, conocida vedette de la vida bohemia de la época. Egaña había sido pareja de Eugenio Berríos, el químico de la DINA. Un día, Duque conoció a Berríos en una panadería. Pensó que este último se enojaría por estar saliendo con su exconviviente, pero el químico, de forma inesperada, lo invitó a un whisky. Así, se hizo cercano a Berríos.

Ha circulado el rumor, en redes sociales e incluso en el Congreso, de que el abogado y el químico habrían sido amantes. Duque asegura que fue “un invento” de la prensa en que el nombre de un profesor, mencionado en una declaración policial de Viviana Egaña como el amante de su expareja, se cambió por el suyo. Artefacto constató que en su declaración la mujer menciona a un “Luis”, sin apellido identificado, como el amante de Berríos.

En cuanto a la amistad de Berríos y Duque, este último sabía de la adicción al alcohol y a la cocaína y de los serios problemas financieros de su amigo. El abogado fue una de las últimas personas que vio a Berríos antes de que desapareciera en 1991, tras ser llamado a declarar en el caso de Orlando Letelier, el excanciller de la UP asesinado en Washington por la DINA. El cuerpo del químico fue encontrado cuatro años después en Uruguay, con dos balas en el cráneo.

—Su muerte no me extrañó porque era un sujeto de excesos. Las personas que están en ese mundo nunca pueden terminar bien. Lo lamenté porque lo había conocido —dice Duque.

Extracto de la declaración policial de Viviana Egaña

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Cuando trabajaba en la Justicia Militar, Duque vio a un hombre de 80 años que estaba detenido en la Fiscalía. El Estado lo acusaba de “subversión” por tener biografías del Che Guevara. Tras eso el funcionario militar presentó su renuncia por “higiene mental”.

En 1989, en el Paseo Ahumada, Duque tenía hambre, siguió a unas mujeres que hacían campaña por un candidato a la presidencia y engulló las empanadas que las manifestantes repartieron. Ahí no solo conoció a su actual esposa, Karina, con quien tendría dos hijos, sino también al candidato y su primer cliente conocido, Francisco Javier Errázuriz. Hizo campaña en las elecciones presidenciales y trabajó 12 años con él.

Pero el camino propio empezó con Anita Alvarado, a principios de siglo. La “geisha chilena” llegó a él acusada de forzar a unas jóvenes a prostituirse en Japón. Alvarado fue absuelta. Ganaron todos los juicios, menos uno. La relación se quebró después de años. Consultada por Artefacto, Anita Alvarado solo dijo esto:

—Sería un grave error que la gente votara por Aldo Duque. Es irresponsable y no tiene dedos para el piano. Es un experto en mentir. Lo digo yo, que sí lo conozco.

Pero Duque ya tenía renombre. A esas alturas defendía a rostros de la prensa rosa y era panelista de programas como Primer plano y SQP. Lo reconocían como el “abogado de la farándula”.

El abogado y ahora excandidato a alcalde de Santiago Aldo Duque Santos

Y también defendía a narcotraficantes. El pasado 23 de abril, T13 reveló que Aldo Duque es parte de un listado oficial, elaborado por la Contraloría de la República, de abogados defensores de personas vinculadas al tráfico de drogas. Por esto, el Partido Republicano descartó apoyar su candidatura.

La secretaria nacional del PSC, Antaris Varela, defiende a su candidato:

—Él no trabaja para los narcotraficantes: fue un caso donde defendió a alguien inocente y que él, sabiendo que iba a quedar en esa lista de abogados, lo hizo justamente por ese sentido del deber y la justicia.

Pero no fue un solo caso.

El informe de la Contraloría afirma que, entre febrero de 2023 y marzo de 2024, Aldo Duque defendió a imputados por tráfico de drogas en al menos seis casos distribuidos en tres regiones: Arica y Parinacota, El Maule y Los Lagos.

Tras el reportaje, el abogado afirmó que ya no defiende a personas vinculadas al narcotráfico. Sin embargo, para el 21 de junio de este año, en la plataforma del Poder Judicial aún figuraba como “defensor privado” de las siguientes causas: una con múltiples imputados por tráfico de drogas y lavado de dinero, en el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Iquique; y otras dos por tráfico de drogas —una de ellas con dos cargos de porte de armas— en el 6º Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Santiago.

*

En términos políticos, Aldo Duque ha sido más bien nómade. Aunque siempre le ha interesado la realidad nacional.

En 1988, invitado por un compañero de carrera, dice, militó en el Frente Revolucionario Nacionalista, un movimiento opositor a la dictadura del que es difícil encontrar más información que la que él entrega:

—El frente era nacional libertario; querían la libertad de mercado. Estaban de acuerdo con todo lo que Pinochet hizo por el país: vivimos el despegue económico y Chile se empezó a convertir en potencia. Pero nos parecía que se había eternizado en el poder.

Según su amigo Pablo Cánovas, Duque le habría asegurado que en el plebiscito de ese mismo año votaría que “Sí” a la idea de mantener a Augusto Pinochet en el poder. Consultado por su voto, Aldo Duque respondió que “es un tema sobre el cual no me referiré, pues lo estimo irrelevante”.

Con el “errazurismo” se acercó a las posturas del centro político. En 1994, de hecho, fue cofundador y vicepresidente del Partido Unión de Centro Liberal (UCL), un breve intento por materializar uno de sus pilares ideológicos: la mínima intervención del Estado en la sociedad. En 1998, la UCL se fusionó con la Unión Centro Centro, el partido del entonces senador Francisco Javier Errázuriz.

La relación con la derecha tradicional, por otro lado, ha sido tensa.

Siendo abogado de farándula militó en la Unión Demócrata Independiente (UDI), que dejó por casos de corrupción del partido. Se fue a Evópoli y tuvo una fallida candidatura a alcalde por Macul en 2016. Sus planes tampoco resultaron en 2021, cuando la UDI rechazó, a último minuto, apoyar su candidatura independiente a la Convención Constitucional por el Distrito 8 (Estación Central, Maipú y otras comunas, pero no Santiago).

Y entonces se mudó a la derecha más extrema.

Admirador del presidente de Argentina, Javier Milei —cuyo lenguaje político ha replicado—, Duque se declara minarquista: “Creo en un Estado muy pequeño, pero muy eficiente”. Por eso, y por su férrea oposición a la gestión de la actual alcaldesa de Santiago, la comunista Irací Hassler, fue que la tienda evangélica del PSC y el diputado Johannes Kaiser le propusieron a Aldo Duque postular al sillón municipal de su comuna, desafío que asumió por unos meses hasta que lo dejó el pasado lunes 5 de agosto.

Al candidato Duque lo saludaban los vecinos que celebraban su aspiración municipal y lo miraban con desdén los que no. No eran los únicos. Antes de pedirle que bajara su candidatura, Chile Vamos rechazó apoyar a su antaño militante y apostó por Mario Desbordes para ser edil de Santiago. Sobre esto, Duque evoca un viejo fantasma:

—Si viviera en Vitacura y me llamara José Luis Errázuriz, iría a cualquier cargo de elección popular por la centroderecha. Yo siempre he sufrido ese estigma de parte de mi sector—. Y agrega—: Es como el perrito: ladra, cuida la casa y le hacen cariño. Pero cuando se quiere sentar a la mesa y comer la misma comida que el dueño, lo echan a patadas.

Aunque Aldo Duque Santos es más que eso.

En la vida, es un hombre que sueña con ser duque. Para la “casta”, alguien que nunca será como ellos. En política, un entusiasta con más militancias que logros. Ante preguntas del reportero, un entrevistado que da versiones contradictorias. Ante narcotraficantes, el abogado que los podría sacar de la cárcel y, a la vez, el excandidato que prometió combatirlos.

Pero él, firme como es, lo ha dicho públicamente:

—Aldo Duque siempre va a ser Aldo Duque.

Benjamín Bravo Yusta es reportero de Revista Doble Espacio. Ha publicado en medios como Interferencia y Revista Anfibia, entre otros. En 2023 fue galardonado en la categoría estudiantil de Prensa Escrita y Digital del premio de Periodismo, Memoria y Derechos Humanos, que organizan el Museo de la Memoria y el Colegio de Periodistas. Es autor colaborador en el libro Relatos de la revuelta popular (Signo, 2020) y en la antología Golpes de memoria (Sherezade/Asterión, 2023); y autor del libro Tierra marchita (Sherezade, 2023). | Síguelo en X

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