
Por Camila Hormazábal
La metáfora de la casa abre una serie de universos significativos que suelen apelar a una misma idea: la protección, la contención. La casa se transforma en un sitio de seguridad para abandonarse a la luz de certezas construidas a la medida propia. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando este espacio recrea, justamente, todo lo contrario? ¿Qué pasa cuando la casa se transforma en la proyección de un miedo profundo que transgrede los límites de esa seguridad, llevando a sus moradores a habitarlo y hacerlo parte de sí, permeando toda posibilidad de sentir dicha confortabilidad?
La casa lobo (2018), largometraje de animación en stop-motion dirigido por Cristóbal León y Joaquín Cociña (Andes, El arca), cuenta la historia de María, una joven alemana que, tras fugarse de “La Colonia” —su hogar hasta ese momento— al ser sancionada por dejar escapar dos cerdos que estaban bajo su cuidado, se refugia en una casa inhabitada en medio del bosque. En ella, María construye un nuevo hogar junto a esos mismos cerdos, ahora convertidos en humanos, con la esperanza de liberarse del yugo del Lobo, el líder de “La Colonia”. No obstante, desde su llegada se puede intuir que será imposible para ella desasirse de esa figura de poder que, al mismo tiempo, alguna vez también simbolizó para ella la protección y la estabilidad.
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Utilizando la fórmula de los cuentos folclóricos europeos, el filme se articula a partir de una voz narrativa que guía a los espectadores a comprender la lección que se busca transmitir: aun cuando se intente huir, la casa que se habita irá con uno donde sea, pues dicha construcción es, en definitiva, lo que somos.
A través de la apariencia de la casa, que podría adscribirse a una estética grotesca, queda en evidencia la simbiosis entre el adentro y el afuera, lo cual es representado a través de la vivacidad de sus materiales y los movimientos caóticos de la cámara, que dan cuenta de las abruptas transformaciones que va sufriendo el espacio y la propia María en el transcurso de la película. El lugar es hermético, las cortinas permanecen cerradas y las luces tintinean.
La oscuridad forma parte de la esencia de esa casa, lo cual tiene un correlato con el sentir de la protagonista, quien, al no poder escapar de su propia historia, recurre a ella para protegerse en medio del encierro, la incertidumbre y el peligro. Porque, pese a sus intentos, María sucumbirá ante el horror que ella misma crea, que porta y que dará forma a un hogar en el que el horror no encontrará paredes ante el cual guarnecerse.
Ficha técnica
Título: La casa lobo
Dirección: Cristóbal León y Joaquín Cociña
Guion: Cristóbal León, Joaquín Cociña y Alejandra Moffat
Producción: Catalina Vergara y Niles Atallah
Productora: Diluvio y Globo Rojo
País: Chile
Género: Animación / Ficción
Formato: Fotografía digital
Duración: 75 minutos
Idiomas: Español y alemán

Camila Hormazábal es licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas, mención Literatura, y profesora de Castellano por la Universidad de Chile, además de Diplomada en Edición y Publicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Se describe como una entusiasta espectadora de teatro | Síguela en Instagram
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