Pelé: el legado del Rey

Ha pasado casi medio siglo desde su último partido oficial y, sin embargo, Pelé no pudo visitar ningún país sin que multitudes desbordantes lo aclamaran y abrazaran. Cuando un periodista le preguntó si su fama se comparaba con la de Jesús, el astro respondió: «Hay partes del mundo donde Jesús no es tan conocido».

Por Fuad Jamis Lagos (*)

Edson Arantes do Nascimento, uno de los mejores futbolistas de la historia, murió el jueves 29 de diciembre de 2022 en São Paulo, Brasil, debido a complicaciones asociadas al cáncer de colon que padecía. Tenía 82 años.

Pelé. Un nombre corto en extensión, pero vasto en historia. Hay muchas versiones que explican de dónde se origina el apodo, pero ninguna puede explicar el fenómeno: rechazado, en un principio, pero ovacionado en su retiro.

Recorrido

Todo comenzó en las tierras de Brasil, precisamente en el municipio de Três Corações, al sur de Minas Gerais, donde un niño apodado Dico —nacido como Edson Arantes do Nascimento— practicaba su deporte favorito mejor que cualquiera de los otros menores del barrio. Un día, sus compañeros de juego comenzaron a llamarlo Pelé. No sabía de dónde venía el nombre, ya que no tenía significado en portugués, pero no le gustaba. Dico peleó con los otros niños. Pensaba que el mote era un insulto o una broma pesada. A esa altura ya no importaba: el nombre quedó.

Dico creó su propia reputación como futbolista con el Bauru Athletic Club. Su padre había sido un discreto jugador profesional que ostentaba la distinción de marcar cinco goles de cabeza en un partido.

Sus habilidades fueron prontamente descubiertas por el exjugador de la Selección Valdemar de Brito, quien lo llevó al Santos, un club de nivel medio entonces, en la costa de São Paulo. En su primera temporada completa en el Peixe, convirtió 32 goles y el equipo fue líder en la liga. Poco después, el joven de 17 años fue convocado para la Copa del Mundo de Suecia de 1958.

Si bien se perdió los dos primeros encuentros del Mundial en el país escandinavo por una lesión en una rodilla, luego se puso a tono con un gol en cuartos de final y un triplete en semifinales. Después de los dos goles que anotó en la final, sus compañeros se echaron al hombro al niño prodigio y levantaron el primer Campeonato Mundial para la Verdeamarela.

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Pelé había llegado al Mundial de Suecia como suplente, como un garoto que prometía mucho, y regresó con el aura que rodea a las leyendas. No tardaría en ser llamado O Rei, apodo que Pelé recibió en 1961 por parte del dramaturgo Nelson Rodrigues. En los siguientes años, el atacante corroboraría su propio mito, ganándose la consideración de Mejor Jugador de Todos los Tiempos al liderar los triunfos de su país en los Mundiales de Chile 1962 y México 1970. Los tres títulos valieron al scratch la adjudicación en propiedad del primer trofeo instituido, la llamada Copa Jules Rimet.

El nuevo rey del fútbol fue agasajado con ofertas récord de equipos europeos, incluida una propuesta millonaria del Inter de Milán de Italia, las que llevaron al presidente brasileño de entonces, Janio Quadros, a nombrar a Pelé como un «tesoro nacional» inexpropiable. Se convirtió, así, en el atleta de deportes por equipo mejor pagado del orbe, con un ingreso anual estimado en 150 mil dólares.

A pesar de todas sus hazañas con el Santos en la década de 1960, Pelé sufrió durante las Copas del Mundo de 1962 y 1966. Por ejemplo, padeció una lesión en la ingle en un partido previo al torneo de 1962 en Chile. Si bien Pelé anotó un gol en la victoria por 2-0 sobre México en el primer partido, la dolencia se agravó en el siguiente encuentro, contra Checoslovaquia, y estuvo fuera de juego por el resto del torneo. Su reemplazante, Amarildo, lo hizo de manera admirable, anotando tres tantos y ayudando a la coronación de Brasil.

Pelé regresó al escenario mundial en 1966, cuando Brasil fue tras una inédita tercera Copa del Mundo consecutiva. Sin embargo, la desgracia volvió a ensombrecerlo, ya que una lesión lo limitó a dos partidos. Brasil perdió dos de tres y no pudo superar la primera ronda.

Antes de la Copa del Mundo de 1970 en México, existían dudas sobre el legado del astro. Habló sobre las críticas en el libro Pelé: su vida y su época. «Quería dejar de lado, de una vez por todas, la idea de que no podía participar en una serie de la Copa del Mundo sin lastimarme», escribió.

El Rey del Fútbol cumplió su palabra durante las tres semanas de competición, anotando cuatro tantos y repartiendo seis asistencias. Brasil venció a Italia 4-1 en la final y el primer gol de Pelé fue el número 100 del país en la historia de la Copa del Mundo. Tarcisio Burgnich, el defensor que marcó a Pelé en la final, dijo: «Me dije a mí mismo antes del partido [que] está hecho de piel y huesos como todos los demás. Pero me equivoqué».

En 1974, la Perla Negra disputó su último partido con el Santos. Había estado planeando jubilarse, pero un mal negocio lo dejó con una deuda cercana al millón de dólares. Los mejores equipos europeos buscaron fichar al rey. Pero Pelé también consideró una oferta del New York Cosmos de la incipiente North American Soccer League, hoy Major League Soccer.

«Realmente fue ridículo pensar que Pelé, el mejor jugador de todos, iba a terminar jugando para este pequeño y ridículo equipo en Nueva York con 1.500 personas», dijo Clive Toye, gerente general del Cosmos. «Pero le dije que no vaya a Italia, no vaya a España, todo lo que puede hacer es ganar un campeonato. Venga a Estados Unidos y podrá ganar un país».

En 1975, Pelé firmó un contrato de tres años por 2,8 millones de la divisa norteamericana con el Cosmos. Su sola presencia en Nueva York ayudó a aumentar la asistencia promedio en casi un 80% desde 1975 hasta 1977. Después de llevar al Cosmos al campeonato de liga en 1977, Pelé disputó su último partido. Era un día sombrío y triste en el Giants Stadium y Pelé, quien jugó un tiempo para el Cosmos y la otra mitad para el Santos, anotó su último gol. Un periódico brasileño señaló sobre la atmósfera de ese día oscuro: «Hasta el cielo estaba llorando».

Después de que Pelé colgó los botines, tomó su energía como atleta y la enfocó en su carrera como promotor mundial y embajador del fútbol. Pasó tiempo transmitiendo, escribiendo columnas y representando productos como Coca-Cola, MasterCard y Viagra. Incluso, incursionó en la política como Ministro de Deportes de Brasil en 1994. En esta tarea, promulgó la «Ley Pelé», la cual decreta que, en cuanto se acaba el contrato de un jugador con su club, debe renovar con este último o el club debe dejarlo en libertad. Además, esto obliga que los clubes actúen como empresas legítimas, con lo cual deben mostrar balances anuales auditados.

Jogo bonito

Entre 1956 y 1974, Pelé ofreció en el Santos verdaderos conciertos futbolísticos. La Perla Negra era un jugador de corpulencia media que mezclaba una gran habilidad técnica, un potente disparo con izquierda y derecha y una insólita capacidad de anticipación al juego. A lo largo de su extensa carrera deportiva ganó con su club 10 Campeonatos Paulistas (fue goleador en 11), cinco Torneos Río-Sao Paulo, dos Copa Libertadores y otras dos Copas Intercontinental en los mismos años (1962 y 1963).

Pelé recorrió el orbe con su club, pero también con la Selección de Brasil, en la cual debutó con solo 17 años. Desde el principio, su contribución a la magia del cuadro de la Canarinha fue clave para la obtención del título en Suecia 1958, la primera copa de esta índole en el futbolizado país, poco tiempo después del desastre llamado Maracanazo. Su incorporación, junto con la de Garrincha, creó un juego estético, fluido y dominador —el insigne jogo bonito— que poco tenía que ver con el deporte de fuerza y físico de los ingleses o con la improvisación de los mediterráneos.

en sus 22 años de carrera, anotó 1281 goles. Otros registros indican 1156, cosa que a estas alturas no es lo más relevante. El planeta quería tocarlo, contemplarlo, admirarlo. Salvo Muhammad Ali, ningún otro atleta pudo rivalizar con la magnitud de su popularidad.

Las hazañas de O Rei en el césped solo alimentaron su fama. El 19 de noviembre de 1969 marcó su gol número 1000, un logro sin precedentes que fue celebrado con algarabía en la tierra de la samba. Pero incluso él tuvo que compartir los titulares al día siguiente porque los estadounidenses justo habían llegado —o eso dijeron— a la Luna.

Pelé, como otros súper atletas, también salió de la nada. En 1958, la gente encendió los televisores para ver la primera transmisión internacional de la Copa del Mundo realizada en Suecia. Las primeras pantallas en blanco y negro parpadearon cuando un flaco desgarbado de 17 años jugaba con ingenio y garra, corría en círculos alrededor de sus experimentados adversarios, levantaba la pelota en su radio y, sin dejar que boteara, fulminaba con un derechazo al arquero rival. Terminada esa Copa del Mundo, el nombre de Pelé se había mencionado en todo el mundo.

(*) Periodista deportivo.

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