La pintora y escultora entiende su trabajo como un diálogo entre disciplina y rebeldía. Aquí habla sobre técnica, cuerpos femeninos y un Irán al que describe lleno de contradicciones. «Mi trabajo canaliza esa paradoja y crea nuevos seres que no pertenecen a ninguna nación ni época», dice.

Por Omid Memarian

Traducción: Valeria Vesconi

En su exposición más reciente, «Escultura y pintura», presentada en la avenida Matignon 24 de París durante la semana de Art Basel en octubre de 2025, la artista iraní-estadounidense Soraya Sharghi combinó obras recientes en bronce, cerámica y pintura en un único entorno envolvente.

En esta presentación, Sharghi reveló un universo luminoso donde la mitología, la memoria y la materia se entrelazan. A través de figuras híbridas que parecen surgir del fuego y el color, explora lo femenino, no como musa, sino como fuerza generativa. Obras como «Resurgir con el canto de las ninfas» y sus guardianes de cerámica hechos a mano crean un continuo entre la pintura y la escultura, donde el mito se reinventa como un lenguaje de sobrevivencia y renacimiento.

Sharghi nació en Teherán en 1988 y ahora vive en Nueva York. Estudió en el Instituto de Arte de San Francisco, donde al mismo tiempo comenzó a experimentar con la pintura, la escultura y las instalaciones. De niña, inventaba historias complejas y personajes imaginarios para su hermana menor, relatos que más tarde se convertirían en la base de su universo visual. «La imaginación surge con naturalidad en la infancia», afirma, «y me aseguré de no perderla nunca. Todavía impulsa mi forma de trabajar».

Sharghi trabajando en una escultura de bronce en China en 2025 | Lei Jianzhong / Cortesía de la artista

Explica que su arte es una forma de recuperación y protección: «De niña, en Irán, la imaginación se convirtió en mi refugio. El surrealismo no fue solo una influencia artística, sino una forma de sobrevivir a la realidad». En su léxico visual, el mito se convierte en su autobiografía; cada heroína híbrida es una guardiana de la resiliencia creada por ella misma, moldeada por las restricciones, la migración y la continua negociación de la femineidad.

El recorrido de Sharghi revela un diálogo constante entre disciplina y rebeldía. Su superficies intrincadas, su paleta de colores radiantes y sus composiciones densamente trabajadas hacen eco, en espíritu, de la simbolización cargada de emoción de artistas como Niki de Saint PhalleHayv Kahraman y Emma Talbot, que también entrelazan mitos, patrones texturales y subjetividad femenina en narraciones contemporáneas. Aún así, la voz de Sharghi sigue siendo suya sin lugar a duda, con una personalidad inquebrantable, una base intelectual sólida y una gran carga espiritual.

«Ninfas renacientes», 2025. Pintada sobre porcelana esmaltada y horneada a 1280°C. 37 x 34 x 34 cm (14.57 x 13.39 x 13.39 pulgadas) | Cortesía de la artista

Al hablar de su perspectiva de los materiales, Sharghi asegura: «Cada material transmite energía propia y me enseña algo nuevo. Juntos forman un mapa de mi desarrollo espiritual». En esta entrevista, reflexiona sobre la imaginación, la hibridación, la creación de mitos, la política y la obra poética del cuerpo femenino, así como también sobre la alquimia de la arcilla, el fuego y el color que continúan dando forma a su universo en expansión.

—A menudo describes tu arte como una continuación de los mundos imaginarios que creaste en la infancia. ¿Puedes contarnos algo sobre esa primera etapa de tu vida en Irán? ¿Cómo esos recuerdos de tu niñez aún siguen dándole forma a tu universo creativo actual?

—Desde pequeña, siempre creé mundos propios. Inventaba personajes y contaba historias a mi hermana menor de forma tan real que ella creía que eran de verdad. En muchos sentidos, todavía soy esa persona, solo que ahora tengo más herramientas y recursos para expresar las ideas. La imaginación surge con naturalidad en la infancia y me aseguré de no perderla nunca. Todavía impulsa mi forma de trabajar.

«Cuando descubrí el arte visual, se convirtió en la forma más segura de expresarme sin ser entendida por completo. Era capaz de codificar sentimientos e historias en símbolos y gestos, y comunicarme a través de imágenes en lugar de palabras».

«De niña, en Irán, en una cultura donde a las chicas se les decía lo que podían o no podían decir, usar o soñar, la imaginación se convirtió en mi refugio. El surrealismo no fue solo una influencia artística, sino una forma de sobrevivir a la realidad».

«Fuera del reino», 2017. Acrílico sobre lienzo. 137.16 × 137.16 cm (54 x 54 pulgadas) | Cortesía de la artista

—¿Cómo influyó en tu práctica artística tu experiencia en el Instituto de Arte de San Francisco? Al mirar atrás, ¿qué abordarías de manera diferente ahora, luego de años de investigación independiente?

—Estudiar en el Instituto de Arte de San Francisco me abrió las puertas para verme desde afuera. Era la primera vez que alguien me preguntaba: «¿Quién eres? ¿Cómo fue tu infancia?». Tuve que definirme más allá de la geografía, el idioma y las expectativas. Este proceso me hizo mirar mi cultura desde la infancia, su poesía, sus lugares y sus complejidades con una comprensión más profunda y una curiosidad renovada.

«En el Instituto de Arte de San Francisco me conocían por ser ambiciosa. Incluso cuando la tarea era sencilla, me esforzaba por superar todos los límites, experimentar con formas complejas, mezclar materiales y exigirme más. Exploré la pintura, la escultura y las instalaciones al mismo tiempo, sin saber aún cómo se fusionarían. Esa mentalidad experimental todavía influye en mi práctica actual».

«En aquel momento, comencé a explorar el cuerpo femenino no como un objeto de desnudez o provocación, sino como un espacio de emociones y sanación. Trataba de recuperar la presencia y la voz, de transformar las experiencias de limitación en libertad. Mi arte se transformó en un proceso de sanación y autodescubrimiento, una forma de convertir el silencio en fortaleza».

«La resolución de Eva (Eva 15)», 2020. Acrílico sobre lienzo. 198.12 × 114.30 cm (78 x 45 pulgadas) | Cortesía de la artista

Tu obra combina con fluidez la pintura, el dibujo, la escultura y la cerámica. ¿Cómo comenzó este cambio a través de los medios y qué posibilidades nuevas te ofreció cada material en términos de forma, narración y relevancia espiritual?

Crecí rodeada de limitaciones, por lo que es natural que me resista a las limitaciones. Cruzar de un medio a otro es como atravesar mundos, es un acto de libertad. Cada material transmite energía propia y me enseña algo nuevo.

«La arcilla me enseñó a ser paciente y a rendirme. No se puede controlar el fuego; el fuego decide qué sobrevive. Trabajar con arcilla me demostró que la perfección es frágil y que la pérdida también puede ser hermosa. Pintar, por un lado, es como enfrentarse cara a cara a uno mismo. Exige honestidad. Creo que un gran pintor puede hacer lo que quiera, porque pintar te enseña a ver y escuchar con profunda atención».

«Aun cuando esculpo, pienso como un pintor. Empleo esmaltes como pigmentos y los aplico en capas como si pintara con fuego. Me encanta romper las reglas. Los químicos me dirían qué no debo hacer y lo haría de todas formas, porque sigo mi intuición en lugar de la fórmula. Es esa tensión entre disciplina y rebeldía la que da vida a mi trabajo. Cada material se convierte en un lenguaje para una emoción diferente. Juntos forman un mapa de mi evolución espiritual».

«El pensador», 2023-24. Acrílico sobre lienzo. 226.6 x 183 cm (89.21 × 72.05 pulgadas) | Cortesía de la artista

Este año estuviste unos meses en China y comenzaste a explorar más a fondo el mundo de la cerámica, a experimentar con procesos materiales e influencias interculturales. ¿Cómo influyó trabajar en ese contexto en tu percepción de la arcilla y la artesanía?

—Cuando llegué a Jingdezhen, China, la antigua ciudad de la porcelana, llevaba muchas emociones, sobre todo porque en Irán se desencadenaban la guerra y los disturbios. Pasé mis primeras semanas en silencio y dejé que las manos hablaran a través de la arcilla. Las texturas rugosas y frágiles que aparecieron en mis figuras femeninas eran el resultado de ese estado, en el que presionaba, enrollaba y casi esculpía mis emociones para darles forma.

«Jingdezhen fue transformadora. La ciudad respira arcilla. Cada familia, cada calle transmite esa energía creativa. La gente de allí era muy humilde y dedicada a su arte. Cada artesano dominaba cada detalle a la perfección, era algo muy espiritual».

«No se trataba solo de aprender la técnica, sino de escuchar a la arcilla, al silencio, al ritmo de la creación. En China aprendí a tomarme las cosas con calma. La energía de la gente, pura, generosa, con los pies en la tierra, me recordó que la maestría no es control, sino armonía».

«Yo», 2025. Bronce | Cortesía de la autora

—Tus obras representan figuras femeninas híbridas que fusionan atributos humanos, animales y mitológicos. ¿Cómo llegaste a este lenguaje visual y cómo refleja tu experiencia de vida como mujer iraní inmersa en muchos mundos?

—La mitología siempre estuvo cerca de mí. De niña en Irán, los mitos estaban por todas partes: historias de ángeles, héroes y dioses que moldeaban nuestra forma de ver el mundo. Aunque, como mujer, siempre me dijeron quién debía ser en esas historias. Así que comencé a reescribirlas.

«Mis figuras son mitos que creé; guardianes híbridos que protegen, transforman y evolucionan. A menudo transmiten belleza y dolor porque así es como se siente la sobrevivencia. Al crecer, aprendí a cambiar de aspecto para adaptarme, para disfrazarme, para sobrevivir. Esa transformación se convirtió en mi lenguaje visual».

«Irán es un lugar surrealista, lleno de contradicciones donde conviven los sueños y las restricciones. Mi trabajo canaliza esa paradoja y crea nuevos seres que no pertenecen a ninguna nación ni época. Son todas aquellas mujeres que tuvieron que convertirse en muchos seres para poder existir en libertad».

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—Tus obras recientes en cerámica reinventan Sofal-e Berjasteh, la antigua tradición persa de cerámica esmaltada en relieve. ¿Cómo reviviste y transformaste esta técnica y tu propia práctica?

—En mi práctica con cerámica, exploro varias técnicas. Una es la obra inspirada en Sofal-e Berjasteh, proceso completamente nuevo y distinto al de mis otras piezas de arcilla. Otra incluye mis figuras esculturales, cabezas y torsos femeninos moldeados a mano, donde dejo visibles las texturas rugosas y las impresiones digitales. También experimento con pintura sobre vasijas y formas, y utilizo los esmaltes como acuarelas para lograr superficies fluidas y en capas. Cada método abre un diálogo diferente entre la tradición, el cuerpo y las emociones.

«Hace unos años, en Isfahan, me encontré con unas tazas de cerámica antiguas y sencillas que había visto durante mi infancia, pero que nunca observé con detenimiento. Esta vez, me llamaron la atención. Me fascinó su esmalte en relieve, ‘Sofal-e Berjasteh’, e imaginé cómo sería plasmar mis pinturas en esta técnica artesanal antigua. Desde entonces, soñaba con crear una pieza así, y por fin lo logré. Pinté con esmaltes de colores similares a los mosaicos. Construí la imagen pieza por pieza, toda a mano. Crearla fue un placer absoluto».

«La arcilla recuerda el tacto, conserva tu presencia mucho tiempo después de que te fuiste. Las grietas, las huellas que deja la presión, incluso los fragmentos rotos, todos forman parte de la historia. Trabajar con arcilla es como trabajar con la vida misma: le das forma, se resiste. Juntas, se convierten en algo nuevo».

«La historia de un triunfo», 2020. Acrílico sobre lienzo. 121.92 × 187.96 cm (48 x 74 pulgadas) | Cortesía de la artista

Tu última exposición incluye esculturas monumentales de cerámica y figuras moldeadas a mano que parecen surgir del fuego y sobrevivir a él. ¿Qué representa para ti esta obra nueva en términos de coraje, vulnerabilidad y riesgo creativo?

—Esta obra nació del fuego. La arcilla solo consigue su fuerza mediante la cocción. Ese proceso refleja mi propio recorrido como mujer y artista, que enfrenta la presión, la pérdida y la transformación hasta que algo nuevo cobra vida.

«Estas esculturas personifican la sobrevivencia. Son espíritus que resurgen de la destrucción y siguen cantando. Cada grieta o cada gota de esmalte que fluye se convierte en un testimonio de resistencia. Las veo como autorretratos de resiliencia; vulnerables, pero inquebrantables».

«Crearlas requirió valor porque tuve que dejar de controlar y confiar en los elementos. El fuego se convirtió en mi colaborador. Puso a prueba mi paciencia, mi ego y mi sentido de la perfección. Lo que quedó después de la cocción fue la esencia, la verdad libre de pretensiones. De esto se trata esta exposición: de levantarse, no intacto, sino renovado».

«Interludio crepuscular», 2022. Acrílico sobre lienzo. 139.7 x 223.52 cm (55 x 88 pulgadas) | Cortesía de la artista

En «Resurgir con el canto de las ninfas» (2022), la memoria, el mito y la infancia se funden en un cuadro cósmico. ¿Cómo evolucionó esta obra y qué revela su conexión con la «Oda: intimaciones de la inmortalidad» de Wordsworth sobre tu relación con el tiempo, la imaginación y el renacimiento?

«Resurgir con el canto de las ninfas» se refiere a recordar el lenguaje del alma. Cuando leí «Oda: intimaciones de la immortalidad» de Wordsworth, me sentí muy identificada con su idea de que la infancia es un recuerdo sagrado, en el que alguna vez vimos lo divino con claridad, antes de olvidarlo.

«En realidad, la idea de esta pintura surgió de un juego antiguo tradicional iraní para niños al que jugaba. En este juego, los niños forman un círculo mientras una niña se sienta en el centro y a menudo simula llorar, y los demás cantan para que ella se levante y se una de nuevo al grupo. El juego tiene muchas variantes locales en todo Irán y se remonta a antiguas tradiciones rituales y actuaciones, que en parte son juegos y en parte representaciones simbólicas de emociones, separación y reencuentro. El círculo representa la comunidad; la figura central personifica la nostalgia, la pérdida o la transformación, y cuando al fin se levanta, se convierte en un momento de sanación y renacimiento».

«Mucho después de crear la pintura, descubrí el poema de Wordsworth, y me llegó a lo más profundo. Expresaba con exactitud lo que la pintura ya me había revelado: que la imaginación es un puente hacia esa conexión divina que sentíamos en la infancia».

«En esta obra, las ninfas representan la inocencia y la sabiduría; surgen de los recuerdos como guardianas de la luz. La pintura se convierte en un diálogo entre mi yo pasado y mi yo presente, entre el mito y el renacimiento».

«Algunas de las obras de cerámica de la exposición transmiten este mismo espíritu. Las superficies pintadas se inspiraron en ‘Resurgir con el canto de las ninfas’. Reflejan su imaginario y su ritmo en una nueva forma material. A través de la arcilla y el fuego, esas visiones se hicieron tangibles, como si los fragmentos de la pintura cobraran una segunda vida en tres dimensiones».

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«Ella resiste, ella continúa» (2025), la figura aparece como protectora y creadora. ¿Cómo aborda esta obra la resistencia, la transformación y lo femenino como fuerza generativa?

En «Ella resiste, ella continúa» la figura femenina no es pasiva; es la esencia. Transmite el peso de la creación y la ternura del cuidado. Su gesto de sostener es tanto un abrazo como un acto de poder.

«Las imágenes y los personajes evolucionaron a partir de ‘Renacer con el canto de las ninfas’, que muestran a unas niñas tomadas de las manos en forma de círculo como símbolo de unidad, renacimiento y fuerza femenina. Ahora estos temas se plasman en una forma nueva mediante una técnica de cerámica diseñada por mí. Esta técnica consiste en miles de elementos pequeños, hechos a mano, y cada uno se asemeja a una pincelada, una célula o un latido, que se fusionan para crear una superficie vibrante y llena de vida».

«La inspiración inicial vino de Naghsh-e Berjasteh, la tradición persa del diseño en relieve, pero transformé su espíritu en algo propio. Aunque me inspiré en la sensación de relieve y la textura en capas, la técnica y el lenguaje visual son nuevos».

«A través de este proceso, las figuras renacen, transformadas por el fuego, pero aún conectadas por el tacto. La obra habla de la fuerza generativa de lo femenino, cómo la creación sigue de manera silenciosa y poderosa mediante la repetición, el cuidado y la perseverancia».

Este texto fue publicado originalmente en la red de medios ciudadanos Global Voices el 20 de diciembre de 2025

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