Billie Holiday o cómo el talento se impone a los peores augurios

Por Gonzalo Figueroa Cea (*) | Foto principal: FotoshopTofs vía Pixabay

No hay duda de que algunas de las aproximaciones más interesantes al racismo en Estados Unidos han tenido lugar en el séptimo arte. Directores con estilos distintos pero ampliamente reconocidos —como Clint Eastwood y Spike Lee— son solo el botón de muestra de quienes abordan un tema que se extiende a filmes de temporadas diversas y a un abanico de producciones cuyos límites son difíciles de discernir.

Aunque han pasado algunos meses desde su estreno, Estados Unidos contra Billie Holiday está dentro de las biopics más interesantes del último tiempo, pese a la disparidad de críticas recibidas por la película. Andra Day, su protagonista, fue nominada en la categoría de actriz principal en los últimos premios Oscar  y obtuvo un Globo de Oro a la mejor actuación dramática gracias a su rol como la mítica cantante de jazz, nacida en Filadelfia en 1915. En efecto, el filme es interesante por los matices dramáticos de Andra, que permiten al espectador hacerse una idea de cómo pudo haber sido Holiday en persona.

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Con el cimiento del guion de Suzan Lori-Parks, inspirado a su vez en el libro Chasing the scream (sobre la criminalización de la droga), el director Lee Daniels optó por una discontinuidad temporal deliberada que no logra hacer comprender mejor la historia de la artista afroamericana, que brilló en los años 40 y 50, y murió con tan solo 44 años en 1959. Sin embargo, al menos logra conmover por los atributos de quien ejerce el papel principal y, en el mismo sentido, por una serie de situaciones que dan cuenta de una vida en la que la admiración y la compasión que cada espectador puede sentir casi van tomadas de las mano.

Perseguida por su adicción a las drogas ya en los años 40 por parte de la División de Narcóticos del FBI, mediante un equipo de agentes mayoritariamente de raza blanca con marcado perfil racista, un grupo de amigos muy leales pero marginales constituye un importante apoyo y vehículo de evasión para Holiday durante prácticamente el resto de su existencia. La canción «Strange fruit», triste aproximación poética musical al flagelo del linchamiento de afroamericanos en el sur de Estados Unidos, es igualmente un factor relevante en la persecución de la artista a partir del momento en que el tema adquiere una notoria popularidad y, en forma paralela, Billie empieza a llenar importantes escenarios en su país.

«Strange fruit», de Eleanora ‘Billie’ Holiday.

En Estados Unidos versus Billie Holiday, el personaje principal está siempre al borde la cornisa. No pretendo con esta metáfora poner de relieve que la cantante tiene una constante actitud suicida, pero sí que hay una tendencia casi obligada a vivir al límite, más allá de sus pasiones. El mundo violento de la prostitución —no por la agresividad en un sentido simple, sino por la necesidad de ese trabajo cuando la pobreza no brinda opciones diferentes— es un cimiento demasiado rugoso para el despegue vital satisfactorio de cualquier persona, tanto por la falta de aceptación social como por problemas de salud y de conductas reprochables desde el punto de vista normativo de la época en que la producción está ambientada. El consumo de drogas y alcohol son, en tal sentido, consecuencias lógicas.

Y es allí donde el papel de Andra Day logra puntos muy altos al interpretar a Holiday, al mostrarla como una mujer dura en el trato, notablemente resiliente, pero a la vez frágil y dulce. Son justamente esos matices los que enriquecen al personaje y provocan alguna complicidad, por los referidos llamados a la admiración y a la compasión que tácitamente transmite Billie.

Afiche de The United States vs. Billie Holiday. | Hulu

Entre los personajes, llama igualmente la atención Jimmy Fletcher. Interpretado por Trevante Rhodes, se trata de un agente federal afroamericano que se infiltra en el círculo de amistades y en las rutinas más públicas de la cantante, donde el sujeto se exhibe como un genuino admirador. El rol de persecutor lo cumple al pie de la letra, pese a mostrarse previamente como un individuo inofensivo. Pero con el curso del tiempo, Fletcher logra conquistar el corazón de la mujer cuando comienza a conocerla mejor.


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Si hubiera que ponerle un epílogo a la presente reseña (porque la película ya tiene el suyo y el placer al respecto lo tendrá siempre el espectador), debería ser un refuerzo del título de la misma: a pesar de los obstáculos, aquellos inevitables aunque también los que pudieron ser subsanables, Billie Holiday estuvo siempre encaminada a ser una leyenda, no solo el por talento, sino por su propia historia y por el enorme simbolismo de una voz llena de matices que, por sentimientos expresados, nunca nos propondrá indiferencia.

(*) Periodista (UB) y Diplomado en Periodismo Cultural.




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