Olvidar y ser olvidado: los delgados trazos de la memoria

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Arrugas, un multipremiado cómic español, ofrece algunas pistas necesarias para una reflexión urgente: ¿qué desafíos permanecen pendientes, a nivel familiar y comunitario, para hacer de la tercera edad una experiencia vital digna?

Por Ángel Muñoz Lavalle (*) y Antonio Muñoz Lavalle (**) | Coedición de estilo: Camila Aliaga

¿Qué pasaría si un día nos miramos al espejo sin reconocer el reflejo frente a nosotros? ¿Cómo nos sentiríamos si nuestros amigos y familiares nos olvidaran? Estas son algunas de las preguntas que subyacen en Arrugas, cómic escrito y dibujado por el artista español Paco Roca, publicado en el año 2007 y ganador de varios premios y reconocimientos.

El sensible relato sobre la realidad de Emilio, un adulto mayor que sufre Alzheimer y que es internado en una residencia, nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el envejecimiento, los recuerdos, la soledad y la amistad, y desprende una problemática que nos habla de un sistema que premia la productividad y el individualismo.

Normalmente no somos conscientes de la importancia de la memoria en nuestra vida. Gracias a ella podemos hacer cosas tan sencillas como escribir nuestro nombre o llegar a nuestro hogar. También podemos dar cuenta de las experiencias que hemos vivido y de las personas que hemos conocido.

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Como detalla Andrea Slachevsky, doctora en Ciencias de la Salud y neuróloga, «la demencia tipo Alzheimer es un síndrome clínico de lenta evolución que se caracteriza por un declive de las capacidades cognitivas, (…) lo que tiene un impacto en la vida diaria y en la pérdida de independencia» (Seminario el Alzheimer en tiempos de Covid-19, ULagos TV, 2020). Afecta progresivamente importantes funciones mentales generando pérdida de la memoria y confusión. Por esto el Alzheimer es tan devastador; se diluye un aspecto esencial del ser humano… sus recuerdos. ¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos recordar?

Si a este panorama le sumamos el hecho de vivir en un sistema económico que nos considera valiosos solo como agentes productivos, cuando se reduce dicha capacidad se nos condena a ser inservibles y olvidados. Esto, junto a la competitividad descarnada que premia el esfuerzo personal por sobre la cooperación colectiva, nos insensibiliza frente a las dificultades y el sufrimiento del resto.

En 1987, Margaret Thatcher declaró en una entrevista para la revista Woman’s Own: «¿Qué es la sociedad? ¡No existe tal cosa! Existen individuos, hombres, mujeres y familias. Y ningún gobierno puede hacer nada excepto a través de la gente, y la gente debe cuidar primero de sí misma». ¿Es entonces responsabilidad de cada individuo luchar contra sus problemas y dificultades?, ¿O es la sociedad, en su conjunto, quien debería ser capaz de integrar y apoyar a todos sus miembros?

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A través de sus viñetas, Paco Roca nos invita a buscar respuesta a todas estas preguntas. En Arrugas, acompañaremos a un hombre en el camino que recorre mientras avanza su enfermedad, y seremos testigos de las sensaciones que lo invaden y los vínculos que crea en la residencia de adultos mayores. Nos adentraremos en la percepción que tiene la sociedad sobre la tercera y cuarta edad, desde la crudeza del «olvidar» producida por el avance del Alzheimer de nuestro protagonista hasta la sensación de exclusión, del «ser olvidado», en un establecimiento de larga estadía.

Olvidar

Mientras un puñado de gente hace fila en la recepción de un banco, el enérgico director de la sucursal entrega en su oficina los argumentos por los cuales le es imposible otorgar un préstamo hipotecario a una pareja. Sus más de 20 años de experiencia respaldan su decisión. Sin embargo, el joven esposo se lleva las manos a la cabeza con desesperación diciendo: «¡No quiero ningún préstamo! ¡Esto es desesperante, joder! (…) Lo único que quiero es que te comas de una vez la cena». Con cara de sorpresa, y de una viñeta a otra, vemos envejecer décadas al confiado director; su silla y escritorio han desaparecido, y son reemplazados por una cama y una bandeja con comida. Reconoce a las personas que están frente a él. Son su hijo y su nuera. De esta manera, se nos presenta a Emilio, el protagonista de este relato, evidenciando uno de los síntomas de su enfermedad cuyo diagnóstico aún le es ajeno.

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Abrumada por estas situaciones, la familia de Emilio decide internarlo en una residencia para adultos mayores. A los minutos de haber ingresado conoce a Miguel, con quien compartirá habitación y forjará una gran amistad. A este último se le ha encomendado la tarea de guiar a Emilio por el lugar y mostrarle la sala de televisión, el salón y las escaleras que llevan al piso de asistidos: «Allí (…) van a parar los que ya no pueden valerse por sí mismos… los que han perdido la razón: demencia senil, esquizofrenias, Alzheimer… mejor morir que acabar ahí arriba». Para Emilio, solo pensar en subir aquellas escaleras resulta una idea aterradora.

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Durante la noche, en una pieza a oscuras donde se cuela la luz por una puerta entreabierta, escuchamos el ruido de un pequeño motor. Dentro del baño, con una sonrisa y el rostro enérgico, el joven Emilio se afeita frente al espejo preparándose para salir a trabajar. Tras él, Miguel abre la puerta y pregunta: «¿Qué haces afeitándote ahora? (…) Son las tres de la mañana». Al girarse, el paso de los años cae sobre los hombros de Emilio; volvemos a ver su pelo cano y sus arrugas reemplazan la piel tersa de la juventud. Cabizbajo y sin decir palabra alguna, su rostro se llena de pena y resignación.

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A medida que avanza esta enfermedad, según explica la Alzheimer’s Association «se agravan los síntomas, entre ellos, la desorientación; cambios en el humor y el comportamiento; confusión cada vez más grave en relación con eventos, horas y lugares; (…); pérdida de memoria (…), y finalmente, dificultad para hablar, tragar y caminar». De esta manera, comenzamos a mirar de forma diferente lo que le ha pasado a Emilio hasta el momento.

El miedo a su diagnóstico lo moviliza a visitar el piso de asistidos. Sabe que allí se encontrará con lo que podría ser su futuro. Acompañado de Miguel, decide subir las escaleras y se topa con una situación abrumadora: personas cuyas mentes parecen haberlas abandonado. Angustiado por lo que encuentra, se apresura a bajar mientras dice: «No voy a acabar ahí, Miguel. Haré todo lo posible para no acabar ahí. ¿Me ayudarás?» Ambos amigos se embarcan en una misión para evitar que esto ocurra.

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En un principio, se proponen visitar la biblioteca con el fin de leer y conversar sobre lo que han leído para mejorar la memoria de Emilio. Sin embargo, nuestro personaje principal ya no puede retener lo que dicen las páginas. Miguel, al darse cuenta de que esto no funciona, cual Sancho al Quijote se dispone a salvar a Emilio de situaciones que evidencien el avance de su enfermedad. Después de un tiempo, todos los esfuerzos de Miguel por ayudar a Emilio han fracasado. Apesadumbrado y triste, come junto a otra adulta mayor en una mesa llena de sillas vacías. Su amigo ya no está. Ha sido trasladado al segundo piso, puesto que su enfermedad ha avanzado significativamente. La amistad que construyeron ha sido valiosa para él, que ahora siente la ausencia de un ser querido.

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Los ojos perdidos de quien alguna vez fue un enérgico director de banco ahora se mimetizan con los del resto de los adultos mayores que están en el piso de asistidos. Frente a él, una mano cariñosa sostiene una cuchara y lo alimenta. Poco a poco, la figura que tiene delante comienza a tomar forma y, por un instante, puede reconocer a Miguel, quien tomó la decisión de subir a cuidarlo. Emilio le regala una leve sonrisa que se pierde junto al recuerdo de su amigo en un océano de olvido. Mediante viñetas libres de diálogo, podemos sentir lo íntimo de este momento de amistad, el cual trasciende la memoria y el recuerdo.

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El camino que recorremos junto Emilio y Miguel nos permite visitar una realidad que muchas veces está oculta. No se suele discutir sobre las demencias, porque están fuera del espacio público. Es importante tener en cuenta que, si bien este tipo de enfermedades no tienen cura, sí tienen tratamiento. Es decir, existe la posibilidad de que quienes las padecen tengan una mejor calidad de vida. Con un círculo de apoyo, las personas con demencia pueden estar bien, lo que implica bienestar emocional y físico, inclusión social, bienestar mental, autodeterminación y defensa de sus derechos (Abusleme, Seminario «El Alzheimer en tiempos de Covid-19», ULagos TV, 2020).

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Así como Emilio ha olvidado por el avance de su enfermedad, la sociedad en su conjunto ha ido olvidando a los adultos mayores: los ha apartado, escondido, encerrado y precarizado. El ritmo de vida acelerado y la escasa contención o ayuda por parte de la sociedad a las familias que, en general, se ven sobrepasadas por el cuidado de la tercera y la cuarta edad, lejos de acortar esta situación de desigualdad permiten su reproducción y permanencia.

Como mencionamos, la familia de Emilio decide internarlo en un establecimiento de larga estadía. Sin ser parte de esta decisión, nuestro personaje escucha, desde fuera de la oficina, la gestión de sus cuidados: los medicamentos, las comidas y el lugar donde dormirá. Se discute también el régimen de visitas, ante lo cual su hijo menciona: «Bueno, verá… estamos muy ocupados con el trabajo y eso… ¿sabe? No creo que podamos venir muy a menudo». La composición de esta escena nos transmite la sensación de que Emilio es tratado como un niño sin opinión y, mediante un flashback a sus primeros días escolares, percibimos su temor al llegar a un lugar que desconoce.

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No es de extrañar que la familia haya tomado esta decisión, sobre todo teniendo en cuenta que «es importante entender que las demencias, de las cuales es parte el Alzheimer, afectan tanto a los individuos como a su entorno a nivel físico, psicológico, social y económico», según Andrea Slachevsky (Seminario «El Alzheimer en tiempos de Covid-19», ULagos TV, 2020). Todos los ámbitos de la vida familiar se ven impactados por distintos factores. El costo asociado a los cuidados de una persona con Alzheimer suele ser muy alto, en la mayoría de los casos no se cuenta con las condiciones para cuidar a las personas en sus hogares y el círculo más cercano no posee los conocimientos gerontológicos necesarios para abordar y acompañar a sus familiares.

Desde nuestro punto de vista, es imperativo potenciar el rol de la familia como soporte de sus adultos mayores, pues representa un factor protector para ellos. Sin embargo, Miguel Ángel Vásquez, doctor en Medicina, geriatra y máster en Gerontología Social dice que «las ayudas que permiten a esta institución (familia) desempeñar ese rol son escasas y poco acertadas. Esta realidad de la ‘familia cuidadora’ debería inspirar políticas sociales más comprometidas con el apoyo domiciliario» (Seminario Internacional de Capacitación “Envejecer con derechos en pandemia”, Fundación Navarro Viola, 2021a). En este sentido, es imposible que las familias puedan cuidar adecuadamente a sus adultos mayores si la sociedad en su conjunto no se compromete a apoyarlos y formarlos para dicha tarea.

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Ser olvidado

«Te ha llegado la demencia senil de golpe. Te recuerdo que somos viejos y por eso hacemos cosas de viejos», le dice otro residente a Miguel mientras reflexionan sobre qué hacer con sus vidas. Estas palabras nos ayudan a entender qué es «ser viejo» para la sociedad, como si al llegar a cierta edad estuviéramos obligados a comportarnos de una manera predeterminada. Esto es reflejo del «edadismo» que, según un Reporte del Observatorio del Envejecimiento, hace referencia a estereotipos, prejuicios y discriminación que sufren las personas según su edad cronológica (p. 1). En el caso de los adultos mayores, implica una visión negativa de la vejez, asociándola a una etapa de deterioro, vulnerabilidad e improductividad.

Ahora bien, este término posee distintos planos. Uno de ellos es el «edadismo autoinfligido», en el que la persona mayor «al haber internalizado esta imagen social negativa de la vejez y recibir un trato diferenciado por su edad, comienza a pensarse en base a estos patrones definidos, afectando así su autoimagen» (Observatorio del Envejecimiento, 2021, p. 2). A lo largo de Arrugas, somos testigos de distintos prejuicios que rodean a la vejez. Al envejecer, todos giran en torno al sedentarismo, la enfermedad y la dependencia. Al mismo tiempo, la obra nos enseña que los adultos mayores también pueden combatir esta visión negativa y construir un buen envejecimiento al pensarse en positivo: «Tenemos que hacer algo», replica Miguel, «aprovechar estos últimos años de vida. ¿Vamos a quedarnos aquí durmiendo y jugando al bingo mientras esperamos la muerte?».

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La luz de la luna creciente dibuja la silueta de un árbol a contraluz, mientras la reja que rodea la residencia se presenta doblemente amputada: «¿Cómo pretendías que saliésemos por un agujero tan pequeño como el primero que habías hecho? Somos ancianos», dice Miguel, quien junto a otros adultos mayores escapa de la residencia, en busca de un poco de libertad. Estas viñetas nos hacen reflexionar sobre cómo la sociedad enfrenta la vejez, cuando los adultos mayores están fuera del espacio público, excluidos y muchas veces internados en geriátricos, lejos de sus familias.

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Esto no es un fenómeno espontáneo. Debemos tener en cuenta la importancia de la pobreza, la dependencia y la marginación, pues la fragilidad no es solo física, sino también psicológica, material y jurídica. A mayor fragilidad, mayor mortalidad. La adversidad socioeconómica y la capacidad de acceso de una persona al sistema de salud condiciona la vulnerabilidad de los adultos mayores (Mirna Biglione, Seminario Internacional de Capacitación «Envejecer con derechos en pandemia», Fundación Navarro Viola, 2021b). No es de extrañar que un sector de la población considerado “no productivo» quede fuera de la discusión ni que las familias, por exigencias laborales o falta de apoyo, no puedan cuidar a los adultos mayores en sus hogares. Una residencia «puede ser la mejor opción en algunas circunstancias», plantea Graciela Zarebski (2005), «pero para que lo sea, se debe dar una serie de condiciones que se asientan, en parte, en un saber gerontológico, pero también en el simple respeto a la condición humana» (p. 65).

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Los delgados trazos de la memoria

Como lectores, somos testigos de los cambios de nuestro personaje principal, un proceso que avanza sutilmente en la persona bien vestida que conocemos al inicio del cómic, y que poco a poco va progresando, hasta afectar sus actividades diarias y su relación con el entorno. Al final de la obra, Emilio ya no es el mismo. No puede recordar, pero existe “como era antes” en la amistad y cariño de su amigo Miguel.

Si bien el tema central de Arrugas es el proceso que vive Emilio con el progresivo avance de su enfermedad, también existen otras materias que cruzan sus páginas. Una de ellas es la competencia voraz que vivimos como sociedad, que nos ha arrebatado la posibilidad de empatizar y ayudar a otros que sufren y tienen problemas. Para los criterios del mercado, la tercera y cuarta edad son un agente no productivo. Es más, son consideradas una molestia, lo que potencia prejuicios y estereotipos.


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Existe muy poca preocupación por los adultos mayores, quienes, para bien o para mal, trazaron el camino por el que transitamos hoy. Es urgente y necesario buscar un cambio social y cultural que erradique la exclusión de quienes son de poco interés para el sistema económico, enfatizando estos temas en la educación escolar y en las políticas públicas. De ahí la importancia de su visibilización; mientras más se muestren, en diversos contextos y en distintos medios, más gente podrá tomar conciencia de realidades que les son indiferentes. Por esto, creemos que la importancia de Arrugas radica en su capacidad de involucrarnos en este “pequeño mundo de la residencia”.

Al terminar de leer esta obra, y luego de haber recorrido las huellas del paso del tiempo, nos sentimos conmovidos por enfrentarnos a un hecho que nos remueve el corazón: somos, en gran medida, los recuerdos y experiencias que hemos vivido, y eso seremos… mientras la memoria perdure.

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Queremos agradecer a Patricia Torres, psicóloga y máster en Psicogerontología, por compartir sus conocimientos sobre los temas tratados en este ensayo.

Sobre el autor

Paco Roca (1969) es un ilustrador, escritor y dibujante de cómics español. Cursó sus estudios en la Escuela de Arte Superior de Diseño de Valencia. Sus inicios fueron en las revistas eróticas Kiss Comix y El Víbora. Inquietudes personales lo llevaron a crear historias de carácter intimista. Algunas de las más destacadas y galardonadas son El faro (2004), Arrugas (2007), El invierno del dibujante (2010), la saga del «Hombre en pijamas» (2011-2017), Los surcos del azar (2013) y La casa (2015). Esta última le valió un Eisner a la mejor obra extranjera.

Bibliografía

Alzheimer’s Association. «¿Qué es el Alzheimer? Alzheimer’s Disease and Dementia». 2021. <https://www.alz.org/alzheimer-demencia/que-es-la-enfermedad-de-alzheimer&gt;.

Fundación Navarro Viola. Quinto encuentro del Seminario Internacional de Capacitación «Envejecer con derechos en pandemia». 2021a. <https://www.youtube.com/watch?v=zh-PhSl2QE8&ab_channel=Fundaci%C3%B3nNavarroViola&gt;.

Fundación Navarro Viola. Seminario Internacional de Capacitación «Envejecer con derechos en pandemia». 2021b. <https://www.youtube.com/watch?v=lduQ7NJogoA&gt;.

Observatorio del Envejecimiento. «Edadismo: imagen social de la vejez y discriminación por edad» (No. 2). Pontificia Universidad Católica de Chile. 2021. <https://observatorioenvejecimiento.uc.cl/wp-content/uploads/2021/07/Reporte-Observatorio-Edadismo.pdf&gt;.

Roca, P. Arrugas. Astiberri. 2020.

Thatcher, M. «Interview for Woman’s Own (‘No such thing as society’)». Margaret Thatcher Foundation. 1987. <https://www.margaretthatcher.org/document/106689&gt;.

Universidad de los Lagos [ULagos TV]. Seminario «El Alzheimer en tiempos de Covid-19». 2020. <https://www.youtube.com/watch?v=rv6mTr6qafk&gt;.

Zarebski, G. Hacia un buen envejecer. Emecé. 2005. <http://psicogerontologia.maimonides.edu/libros-dra-graciela-zarebski/&gt;.

(*) Psicólogo y Bachiller en Humanidades (UAH). Desde joven ha estado interesado en el arte, la filosofía y la historia. Comparte con su hermano el gusto por los cómics.

(**) Licenciado en Teoría e Historia del Arte y Bachiller en Humanidades (UAH). El mundo de los cómics ha formado parte de su vida desde pequeño. Comparte con su hermano el gusto por este arte.

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