Cómo afecta la guerra entre Rusia y Ucrania a las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela

Por Latisha Harry | Traducción: Gabriela García Calderón Orbe (*)

La invasión rusa a Ucrania ha tenido un sorprendente efecto dominó en las relaciones bilaterales entre dos países del otro lado del mundo, Estados Unidos y Venezuela. El 8 de marzo, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció la prohibición de las importaciones de petróleo, gas y otros productos rusos, mientras que otros países occidentales han señalado su intención de reducir paulatinamente la dependencia de las fuentes de energía rusas. Con la falta de suministros energéticos rusos, y como los grandes países productores de petróleo que participan en la OPEP no pueden o no quieren cubrir el déficit, los precios de petróleo y gas han seguido subiendo.

Como respuesta inmediata a la prohibición, el gobierno de Biden pidió al sector petrolero estadounidense que aumentara la producción, pero una combinación de problemas en la cadena de suministro, la escasez de mano de obra y la falta de inversión significa que la industria estadounidense no podrá satisfacer toda la demanda a corto plazo. Para cubrir esta necesidad, el gobierno de Biden ha buscado, según parece, al más improbable de los socios: Venezuela.

Estados Unidos y Venezuela mantienen relaciones diplomáticas desde 1835, pero las tensiones más notables comenzaron bajo el mandato del expresidente Hugo Chávez. La relación empeoró con su sucesor, Nicolás Maduro, por lo que Estados Unidos identificó como una mayor represión a la oposición, los medios y la sociedad civil, y por la resistencia venezolana a lo que se considera la agenda imperialista estadounidense. A pesar de eso, ambos países mantuvieron una sólida relación económica durante años, y Estados Unidos fue reconocido como uno de los socios comerciales más importantes de Venezuela: importó más de 40 mil millones de dólares en petróleo en 2007, con un comercio que superaba los 50 mil millones de dólares entre ambas partes.

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En 2008, Estados Unidos impuso la primera de sus muchas sanciones en respuesta a lo que citó como abusos de derechos humanos y corrupción desenfrenada por parte del Gobierno venezolano y de determinadas figuras venezolanas. Las relaciones se deterioraron gradualmente hasta que Maduro cortó formalmente los lazos diplomáticos con Estados Unidos en enero de 2019, cuando el expresidente Donald Trump reconoció al líder opositor Juan Guaidó como presidente interino del país.

Acontecimiento recientes

Según The New York Times, dos altos funcionarios de Estados Unidos viajaron a Venezuela para mantener conversaciones con el gobierno de Maduro a principios de marzo. Los expertos interpretaron esto como que la administración Biden está buscando restablecer los lazos con Venezuela, que ha expresado su interés. En una aparente muestra de buena voluntad, y solo una semana después de mantener conversaciones con una delegación del Gobierno de Estados Unidos, el Gobierno de Venezuela liberó a dos ciudadanos estadounidenses encarcelados. El gobierno de Maduro también anunció planes para reanudar las conversaciones con su oposición.

La respuesta

Las reacciones al aparente cambio de posición del presidente Biden hacia Venezuela han sido críticas desde ambos lados del espectro político. Los comentaristas en Estados Unidos han calificado estas acciones como hipócritasinteresadas y cínicas, dado que inicialmente había continuado la postura de línea dura del presidente Trump hacia el gobierno de Maduro.

Joseph «Joe» Biden y Nicolás Maduro en Brasil, en 2015. | AP / BBC.

En las redes sociales, los venezolanos también han criticado la medida. Una persona afirmó que los venezolanos querían que Estados Unidos «ayudara a deshacerse de Maduro, no a comprar petróleo», mientras que otros latinoamericanos se burlaron de Estados Unidos por lo que consideraron una falsa postura por su posición previa sobre el socialismo. La mayoría de los comentaristas en las redes sociales expresó opiniones similares.

El líder de la oposición, Juan Guaidó, repitió ese sentir y ha rechazado la flexibilización de las sanciones, y escribió en un comunicado que es necesario que haya «avances reales hacia la democracia y la libertad de Venezuela» antes de que eso ocurra. Por otro lado, representantes del gobierno de Maduro han respaldado las conversaciones, pero han presionado para eliminar las sanciones y reconocer formalmente a Nicolás Maduro como presidente como parte del proceso.

Desde estos acontecimientos, el gobierno de Biden ha negado que esté buscando un cambio en su política hacia Venezuela, y un alto funcionario gubernamental ha declarado que las conversaciones mantenidas con el gobierno de Maduro fueron para asegurar la liberación de los detenidos y para fomentar la reanudación de las negociaciones con la oposición venezolana.


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Hacia adelante

Algunos expertos han pedido que Estados Unidos aumente su producción de petróleo, pero la solución no es tan sencilla. Estados Unidos es ya el mayor productor mundial de crudo, pero también es el mayor consumidor del mundo. Además, el petróleo de Estados Unidos es «más ligero y diferente» que el que usa el país. Por tanto, la independencia energética plena es una perspectiva difícil. Canadá ha dicho que está dispuesta a aumentar los flujos de oleoductos hacia Estados Unidos, pero hasta esto tiene sus limitaciones. Al igual que en el caso de los países de la OPEP, varios productores se han mostrado reacios a ajustar sus objetivos y planes de gasto para aumentar significativamente la producción, por lo que Estados Unidos seguirá necesitando más. En este sentido, el aparente intento del presidente Biden de cortejar al Gobierno venezolano tiene sentido a pesar de las críticas.

El Gobierno de Estados Unidos se ha visto acorralado y ninguna de sus opciones está libre de riesgos. Fomentar el aumento de la producción de petróleo para limitar el déficit de suministro podría cumplir su objetivo a corto plazo de aliviar los precios del gas, pero afectará los objetivos de energía limpia a largo plazo. Por otro lado, muchos verán que normalizar las relaciones con Venezuela como un respaldo tácito a un Gobierno que el propio Estados Unidos no reconoce como legítimo.

(*) Este artículo de Latisha Harry fue publicado originalmente en la red de medios ciudadanos Global Voices el 24 de marzo de 2022.

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